Habitante de las penumbras. El color de la miseria

Ricardo Giraldo Martínez

Poeta recién llegado
Mundo delirante de alucinación perpetua, errante dormido que alimenta impaciente su locura, navegante solitario inmerso en su propio olvido.

Dominado y perdido en la glutinosa droga, descansa su cuerpo en un andén gastado por el tiempo, sin embargo, la sucia acera oficia por instantes como una elevada mesa de banquetes al que no concurren comensales de traje fino, aunque sí de harapos oscuros.

Envejecido y roído por el abuso, el habitante solitario de las estridentes calles sostiene con ahínco un recipiente lleno de sobras que lucen adornadas con salsa roja fresca… O quizá en su mundo así lo crea, pues de a poco se revelan gotas de sangre que decantadas por sus ojos se deslizan como amargas lágrimas. En su recorrido por las mejillas, absorben el dolor de la propia indiferencia. En realidad aquel aderezo proviene de una herida abierta que revelan dantescas sus despobladas cejas.

Con evidente demencia mitiga el hambre; llevando el manjar a la boca con sus dedos mugrientos que se convierten en cucharas de plata, mastica cada bocado como si fuera el último. ¿Quién lo ha de saber?


Como un viajero contemplador de los paisajes urbanos, mis lentes oscuros no filtraron el dolor ni el color de la miseria, la mirada dolorida y pasajera en cambio, tuvo que reposar por un instante para advertir una escena tan cruda, donde la realidad si superó la ficción.
 
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