Hábitos del vago

marquelo

Negrito villero
Esta mañana me invita
Como un aire de ventana desnuda
Y su geometría mide las
ansias de mis labios
Como todas las veces que abrí
Mi boca
para desafiar el borbotear
Bermejo de las cerraduras.
Desnudas mis manos
Me he embriagado con la idea de pelar algún astro solitario
trozearlo
Acunarlo luego
Como a un sueño de despedida
A esta ciudad hay que bañarla
De alcohol y de llantos
Desde bien adentro
Desde la oscuridad secreta de las sábanas
desde algún gemido que quiere
Tatuarse en el alma
En las líneas de las manos
Como un riachuelo
O una gota
Por cosechar en el sexo.
Me importa el ruido motor
De una máquina de un tranvía
De un barco navegando
Entre pañuelos humanos
Bajo lunas humanas
Y sigo
Volteando la cara
Arqueando una ceja
Para apuntar al vacío
Con un poco de vino
con unos pocos versos...







 
Sí, parece ser, este poema, el Evangelio según la Gripe.
Porque la Gripe es una santa.
Una santa, católica y apostólica, que a todos nos baña en su éxtasis de fiebre y debilidad.
Y lo hace con ternura, cariño, sosiego...
¿ Verdad ? Virus de nuestras vidas, que nos acompañan, sin pedir perdón.
El perdón no es necesario. ¡ Ni siquiera el castigo !
Viva la Gripe, porque nos enseña humildad.
 

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