cesarlucil
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hablar de ti, mujer, resulta flora,
verde estación, calor que profetiza
una raíz de piel entre el asfalto
y la fiesta del sol en los abismos.
Es que jamás podría desnudarte
con las manos vencidas, con palabras
que atan la tempestad y la convierten
en una triste fosa de conceptos.
Y por eso descubro tus virtudes
con el cincel del beso y con la furia
de la lumbre que brota entre mis rotos
y atenazados símbolos de calle;
con la misma locura del que corre
entre voraces sitios donde brillan,
como gotitas tímidas, las lágrimas,
mientras gritan "Detente!" los candados.
Hablar de ti, mujer, resulta playa,
como decir espuma, sal y viento,
alma de tierra y mar que no preguntas
por todas esas marcas en mi rostro.
verde estación, calor que profetiza
una raíz de piel entre el asfalto
y la fiesta del sol en los abismos.
Es que jamás podría desnudarte
con las manos vencidas, con palabras
que atan la tempestad y la convierten
en una triste fosa de conceptos.
Y por eso descubro tus virtudes
con el cincel del beso y con la furia
de la lumbre que brota entre mis rotos
y atenazados símbolos de calle;
con la misma locura del que corre
entre voraces sitios donde brillan,
como gotitas tímidas, las lágrimas,
mientras gritan "Detente!" los candados.
Hablar de ti, mujer, resulta playa,
como decir espuma, sal y viento,
alma de tierra y mar que no preguntas
por todas esas marcas en mi rostro.