BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora hablaré yo.
No hablaré con la voz de amante
o con la deflagración inexacta
de una circunferencia a punto
de dar a luz. Hablaré en cambio,
con la prontitud de un exegeta
militar que avecina campos calcinados,
orillas secuestradas, o inviernos apostados.
Y en la lejanía del verbo, en los sótanos
semi derruidos, encontraré la animosidad
que la beligerancia oculte. Soy una palmera.
Un disco imprevisible de luces automáticas,
el círculo domado de carreteras alucinadas.
Ahora hablo yo.
Peligros en la pendiente,
sombras incongruentes,
masturbaciones delictivas,
insospechadas cabezas renuentes:
ahora hablaré yo.
©
No hablaré con la voz de amante
o con la deflagración inexacta
de una circunferencia a punto
de dar a luz. Hablaré en cambio,
con la prontitud de un exegeta
militar que avecina campos calcinados,
orillas secuestradas, o inviernos apostados.
Y en la lejanía del verbo, en los sótanos
semi derruidos, encontraré la animosidad
que la beligerancia oculte. Soy una palmera.
Un disco imprevisible de luces automáticas,
el círculo domado de carreteras alucinadas.
Ahora hablo yo.
Peligros en la pendiente,
sombras incongruentes,
masturbaciones delictivas,
insospechadas cabezas renuentes:
ahora hablaré yo.
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