Dios está en todas partes, incluso en la brizna de hierba.
Entonces, cortar el césped es traumático.
Pero también, podar los olivos.
O regar las plantas.
Ahora bien, si tienes suficiente paciencia, podrás soportar estoicamente, esa misión.
Sobre todo, si te toca el oficio de agricultor, ganadero, jardinero, fontanero, geólogo, arqueólogo, cazador...
Uno llega a comprender que las nubes ofrecen un espectáculo imponderable.
Son majestuosas, y las montañas, también.
E incluso algunos bosques, y riachuelos.
No dejan de manar, con inocencia.
Entonces, ante eso, no cabe la política. Ni tampoco, el dinero. Sólo cabe el sudor.