Hacia una procesión de resplandores,
camina el manso fuego de estío,
dejando ramilletes de colores,
entre los verdosos álamos del río.
Paseo por la ribera inmensa,
a cada instante, fronda, flor, sauce
y brisa proveniente del valle,
encuentro lejos de la aldea.
Corre un aire cálido y dorado
¡OH, verdor, música y fulgor!
brotan del valle encantado.
Y como la luna sonríe a la vida,
regreso de aromas embriagado
por la ribera ya dormida.
Luis Prieto Espinosa
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10/10/2014
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