Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Quisiera que el corazón de verdad me doliera
como duelen los mapas cuando todo está perdido,
como el dedo sin el dedal cuando la aguja
atraviesa los ojos de acariciar fronteras
y la mirada permanece rota, descosida de lo que ve
porque nada encuentra sino la luz insoportable
que embebió tu caudal e impostó tu brillo.
Quisiera que el aire faltara donde me faltas,
sentirte como un levante de polillas ardiendo
en la alberca de sangre de mis pulmones
cuando corro las veredas, los pisos arriba,
el techo de mi dormitorio, y el aire no se acaba,
aunque hiperventile, y siempre llego puntual
a donde tú no me esperas con esta esperanza.
Quisiera decirte que no puedo vivir sin ti,
pero puedo mucho más: hago la fotosíntesis
de nutrir mis vértebras y enverdecerme
con otras mujeres, pero sin agradecer al sol
—¡el viejo pendejo!— por llegar a otra luna
que ya no intenta siquiera guiñarme tus dientes
que duraron más que tu risa,
que duran más que el amor eterno o tus besos
que aún me duran más que los siglos
que estuvimos sin boca, sonriéndonos.
Quisiera que este dolor fuera cierto, no de sombra,
no de raíces ocultas en edades torpes;
ubicar la glándula, el tejido, la efervescencia
de donde brotan estas palabras enfermas
y aniquilar su fuente o su hoguera o su destino
para al fin decretar el silencio
y nunca más volver a escucharte.
como duelen los mapas cuando todo está perdido,
como el dedo sin el dedal cuando la aguja
atraviesa los ojos de acariciar fronteras
y la mirada permanece rota, descosida de lo que ve
porque nada encuentra sino la luz insoportable
que embebió tu caudal e impostó tu brillo.
Quisiera que el aire faltara donde me faltas,
sentirte como un levante de polillas ardiendo
en la alberca de sangre de mis pulmones
cuando corro las veredas, los pisos arriba,
el techo de mi dormitorio, y el aire no se acaba,
aunque hiperventile, y siempre llego puntual
a donde tú no me esperas con esta esperanza.
Quisiera decirte que no puedo vivir sin ti,
pero puedo mucho más: hago la fotosíntesis
de nutrir mis vértebras y enverdecerme
con otras mujeres, pero sin agradecer al sol
—¡el viejo pendejo!— por llegar a otra luna
que ya no intenta siquiera guiñarme tus dientes
que duraron más que tu risa,
que duran más que el amor eterno o tus besos
que aún me duran más que los siglos
que estuvimos sin boca, sonriéndonos.
Quisiera que este dolor fuera cierto, no de sombra,
no de raíces ocultas en edades torpes;
ubicar la glándula, el tejido, la efervescencia
de donde brotan estas palabras enfermas
y aniquilar su fuente o su hoguera o su destino
para al fin decretar el silencio
y nunca más volver a escucharte.
14 de mayo de 2023