Gracias. De todos modos, ya desistí. No puedo con ellos.
Saludos cordiales.
Nada niña... ya puse mis esperanzas en ti. Complace a este pobre dragón anciano
Garza escondida
aletea tan lejos
plumas al vuelo
La mayoría inicia la senda del haiku tratando aprender las reglas para escribir haiku. Incluso yo empecé igual con muchos tropiezos.
Mi curiosidad me llevó a leer varios textos, y la mayoría hablaban de reglas, de técnicas, de conteos, y hasta de filosofía.
De pronto un día encontré un pequeño escrito sobre como leer un poema.
¿Cómo leer poesía?
Y supuse que hablaría de entonación, tiempos, pausas, respiración modulación de voz...
Me equivoqué por completo.
Indicaba que lea varias veces el poema, tratando de entenderlo, de entender al autor.
Nuevamente me aventuré a pensar que trataría de hacer un análisis psicológico al autor.
Parte de ello había, pero tenía varias ideas buenas.
La mejor idea era la de tratar de sentir lo que sentía el autor.
Lastimosamente las obras en español tienen tantos géneros que me hicieron sentir de todo y algunas obras hasta me desorientaron por completo (por allí las surrealistas y los anti poemas).
A pesar de todo la idea era buena y funcionaba sobre todo con las obras que intentaban establecer vínculos del autor al lector.
Cuando apliqué esta forma de lectura al haiku las cosas empezaron a calzar.
Sin embargo las obras de haiku japonesas se me dificultaban.
Puesto que el haiku busca hacer cómplice al lector, sin que aparezca el autor ni sus sentimientos, de pronto se asemejó a una obra de teatro.
Un escenario, y una acción, que provocan sentimientos en el lector.
Pero el escenario de las obras japonesas se hacía incomprensible... así que me dediqué a conocer la cultura japonesa, su música, sus comida, sus expresiones, su comportamiento. Esto me facilitó algo más pero el haiku japonés es muy centrado al territorio de Japón.
Entonces empecé a leer haikus de autores de habla hispana, tratando de conocer al autor y la locación donde escribió el haiku.
Es importante conocer a que sitio y tiempo se refiere el haiku, pues tienen muchas connotaciones con los eventos, e incluso conexiones emocionales.
Así pues, mezclando luego algo de respiración zen, con lectura en complicidad y ubicándome en tiempo y espacio...
Busqué un sitio tranquilo, sin olores, colores, ruidos o texturas que incomoden o distraigan.
Leía el haiku en voz alta, palabra por palabra (sin sinalefas).
Con mayor pausa entre verso y verso.
Y al final cerraba los ojos, repitiendo las mismas palabras para mis adentros mientras visualizaba interiormente: la escena, la acción... y yo dentro de todo.
Algunas veces no veía nada. Otras veces percibía algo.
En la medida que más conocía al autor, su momento y sitio, más fácilmente me conectaba con la obra.
Aprender a leer haiku ha sido desde entonces la mejor manera de disfrutar este arte.
Ya no me inquieto por tratar de escribir. Me limito a leer y pulir. Y cuando escribo procedo igual, escribo una idea que luego voy puliendo poco a poco... y a medida que pasa el tiempo la misma se va perfeccionando.
Es muy pronto para dejar de escribir haiku. Mejor dedica un tiempo a leer de manera cómplice.
Notarás un gran cambio en tus obras posteriores.
Garza blancuzca
y apenas visible...
¡plumas al aire!