Haitón

Doctorbasura

Poeta recién llegado
Mamá solía contarme la historia de cómo papá y ella se habían conocido: «Una noche el pobre hombre estaba acostado en su chinchorro cuando de pronto cayó una tormenta y el techo salió volando con él enganchado; despertó al otro día en La Sierra, metído en el alambique de mis papás... Apenas lo vi me enamoré, fue como un flechazo; luego me trajo a Coro y naciste tú».
Ah, cómo me gustaba esa historia.

***

La única posesión de valor que teníamos, a parte de nuestra achacosa casita, era un viejo Apache ‘56 con el que papá y yo subíamos a La Sierra a buscar natilla para la venta. ¡Más sabroso! Todos los fines de semana mi mamá se encomendaba al Señor y nos íbamos a disfrutar de aquel maravilloso paisaje: pequeñas capillas a orilla de carretera, Harley Davidsons, atardeceres y toda esa gente labriega de por esas partes: Taratara, Mapararí…
Recuerdo que estando por Curimagua, allá en el Haitón, contemplé con fascinación aquel profundo abismo y pensé: «si empujara a papá ahí dentro seguramente nadie lo encontraría».
Jamás creí que llegaría hacer algo… algo tan terrible.





http://ricardodiazborregales.blogspot.com
 
Hola Ludmila. Sí, me ha salido "natural" este pequeño relato. Muy agradecido por tomarte un tiempo y leerme. Pasaré a visitar tu blog. Un saludo afectuoso!
 

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