Tenías todo lo que habías soñado, pero un día te despertaste y te faltaba algo... Tenías todo lo que quisiste, pero aún así sentías un vacío porque alguien no estaba contigo, porque un día de sol gris te dijo: "te quiero sólo como un amigo". Y no pudiste cerrar esa herida, no pudiste apelar al olvido, no quisiste tragarte el orgullo, no quisiste ser sólo un amigo... y elegiste ser el enemigo. Primero lloraste una pérdida, después fuiste indiferente, nació una piedra en tu pecho, y luego te hiciste el valiente... te fuiste por otro camino, liberando tu mente demente. Como todo buen jugador compraste a tus enemigos, fuiste moviendo las fichas y en el mar de la desdicha, el rencor y la venganza no pudiste darte cuenta que tus aliados se cruzaron para el otro lado y de tus amigos creaste enemigos. Y así te fuiste perdiendo, cavando tu propia fosa, perdido en un hueco oscuro, por querer vengarte de uno arriesgaste un amor de todos, y entonces miraste a tu lado y, hombre, estabas solo. Ese hambre de venganza te cegó y no pudiste ver que aún tenías todo, pero cuando miraste alrededor ya era demasiado tarde porque, niño, estabas solo. Pudiste haber terminado mejor, pudiste haber elegido otro camino, pero por culpa de ese orgullo ya no hay nada que hacer en este juego porque, nene... te quedaste solo.