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Has tomado mi corazón y
mi torpe habilidad en el amor
arrastrándome hacia ti sin obligarme
a elaborar una larga lista de promesas.
Sanaste mis heridas
ofreciéndome un lugar seguro en la estancia de tu cuerpo.
Sin alabanzas ni bendiciones
me alzaste de la misericordiosa derrota
sin ninguna ordalía o complicados
ejercicios de atrapar sombras.
Proclamándome caballero en la corte
de tu tacto forjé mi espada para conquistar tu reino,
pulí mi tradicional estilo preparándome
para capturar cualquier diminuto gesto
y recoger la cosecha de tu boca.