abcd
Poeta adicto al portal
A las seis de la mañana no hay luna,
no hay sol,
hasta la ventana brilla muerta de ausencias,
no hay aire para las cortinas.
Soplo, soplo fuerte e igual nada.
Yo nunca basto, yo nunca viento.
Ni sé si estoy despierto.
Nadie ha abierto la puerta del día,
nadie lo hará,
otra vez seré yo, a las siete treinta,
queda más de una hora de espera,
de esperar una hora.
Pienso, pensar consume tiempo y alegrías,
me adentro en la azul melancolía,
me encuentro, me asfixio,
me vuelvo a entredormir, fingir no existir.
Soy un espejo que destrozado
reflecta mas de mil soledades.
Seis y cuatenta.
Y cuarenta y siete.
Seis y cincuenta.
Las siete,
la voz del silencio no tiene aliento a carne de mujer.
En solo media hora debo conciliar mente y cuerpo,
resucitar de esta grotesca sombra
y dejar ese sentido sempiterno que le doy a mis lágrimas.
Seguramete lagrimeo de sueño.
Suena la alarma. Ahora existo un poco,
acabo de percibir que aún llueve afuera,
se ha desbordado un planeta que no imagine.
Habrá otro ser igual de vacío que yo,
sonrío por su lluvia, por su sol azul más allá de la noche, del día, de la estúpida ensoñación.
Me voy a trabajar.
no hay sol,
hasta la ventana brilla muerta de ausencias,
no hay aire para las cortinas.
Soplo, soplo fuerte e igual nada.
Yo nunca basto, yo nunca viento.
Ni sé si estoy despierto.
Nadie ha abierto la puerta del día,
nadie lo hará,
otra vez seré yo, a las siete treinta,
queda más de una hora de espera,
de esperar una hora.
Pienso, pensar consume tiempo y alegrías,
me adentro en la azul melancolía,
me encuentro, me asfixio,
me vuelvo a entredormir, fingir no existir.
Soy un espejo que destrozado
reflecta mas de mil soledades.
Seis y cuatenta.
Y cuarenta y siete.
Seis y cincuenta.
Las siete,
la voz del silencio no tiene aliento a carne de mujer.
En solo media hora debo conciliar mente y cuerpo,
resucitar de esta grotesca sombra
y dejar ese sentido sempiterno que le doy a mis lágrimas.
Seguramete lagrimeo de sueño.
Suena la alarma. Ahora existo un poco,
acabo de percibir que aún llueve afuera,
se ha desbordado un planeta que no imagine.
Habrá otro ser igual de vacío que yo,
sonrío por su lluvia, por su sol azul más allá de la noche, del día, de la estúpida ensoñación.
Me voy a trabajar.