Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay arena en mis ojos
y mares en mi alma.
Las olas quedaron en calma
por la pena, el llanto y enojo
de montañas fruncidas
sobre la planicie de un día
triste y desventurado.
Siento el universo vacío,
las estrellas apagadas;
un estruendoso silencio
bajo la cortina de lluvia;
unas llamas en el viento
quemando el horizonte
en las alas del tiempo.
Las piedras corren del río,
las aguas del desierto
Y tus latidos ya no siento
tan mios como antes.
Un reloj de pulsera miente
haciéndose de legista,
confirmando un pulso
dormido, para siempre.
y mares en mi alma.
Las olas quedaron en calma
por la pena, el llanto y enojo
de montañas fruncidas
sobre la planicie de un día
triste y desventurado.
Siento el universo vacío,
las estrellas apagadas;
un estruendoso silencio
bajo la cortina de lluvia;
unas llamas en el viento
quemando el horizonte
en las alas del tiempo.
Las piedras corren del río,
las aguas del desierto
Y tus latidos ya no siento
tan mios como antes.
Un reloj de pulsera miente
haciéndose de legista,
confirmando un pulso
dormido, para siempre.
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