manuelo
Poeta fiel al portal
En el campo me crié
y me dejó tanta huella
que aún al mirar hacia atrás
recuerdo la huerta aquella;
y, de cada árbol frutal,
(cada naranjo, ciruelo
granado, membrillo o higuera)
la forma de su ramal.
¿Cómo olvidar, además,
la sinfonía de la noria
y el susurro de sus aguas
cuando se ponía a regar
los surcos de las patatas
los tomates y pimientos,
las berenjenas, lechugas,
y el altísimo maizal?
Imposible es olvidar
cada junco, cada lirio,
y el mar de menta poleo,
del arroyo principal;
ni las curvas del camino
que lleva hasta el olivar,
no muy lejos de un Molino
el de Alí, el musulmán.
y me dejó tanta huella
que aún al mirar hacia atrás
recuerdo la huerta aquella;
y, de cada árbol frutal,
(cada naranjo, ciruelo
granado, membrillo o higuera)
la forma de su ramal.
¿Cómo olvidar, además,
la sinfonía de la noria
y el susurro de sus aguas
cuando se ponía a regar
los surcos de las patatas
los tomates y pimientos,
las berenjenas, lechugas,
y el altísimo maizal?
Imposible es olvidar
cada junco, cada lirio,
y el mar de menta poleo,
del arroyo principal;
ni las curvas del camino
que lleva hasta el olivar,
no muy lejos de un Molino
el de Alí, el musulmán.
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