David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Mirad las grandes barrigas
de algunos ciertos señores,
mirad el dinero de ellos
pues son muy grandes ladrones.
Que tienen, porque presumen,
buena mansión y buen coche.
Que sólo saben tener
sin que el pobre les importe.
¡Cuervos, aves de rapiña!
Asquerosos voladores
siempre cerca de la caza
que les nutre y les da porte.
Que a tanta gente tan buena
el dinero les corroe,
que son devotos muy santos
cuando el micrófono oye.
Tienen el alma muy baja
que cae por los pantalones,
pero solo hay que escuchar
la grandeza de su nombre,
tanta grandeza creída
que se desploma en la noche,
que se desploma en el viento
y en la lluvia sobre el porche.
No permitáis, nunca, nunca,
que el que está sembrando coles,
por culpa de esta gentuza
su vida mala empeore,
que no tienen el derecho
que con mentiras imponen,
y que en escudos de farsas
se protegen y se encogen.
Ya les querría yo ver
sin siquiera pantalones,
ir arrastrando los culos
por las calles, tan enormes,
sin dinero y sin riqueza
que en su bolsillo lo pone
el pobre, pobre de turno.
Hay que ver, ¡manda cojones!
de algunos ciertos señores,
mirad el dinero de ellos
pues son muy grandes ladrones.
Que tienen, porque presumen,
buena mansión y buen coche.
Que sólo saben tener
sin que el pobre les importe.
¡Cuervos, aves de rapiña!
Asquerosos voladores
siempre cerca de la caza
que les nutre y les da porte.
Que a tanta gente tan buena
el dinero les corroe,
que son devotos muy santos
cuando el micrófono oye.
Tienen el alma muy baja
que cae por los pantalones,
pero solo hay que escuchar
la grandeza de su nombre,
tanta grandeza creída
que se desploma en la noche,
que se desploma en el viento
y en la lluvia sobre el porche.
No permitáis, nunca, nunca,
que el que está sembrando coles,
por culpa de esta gentuza
su vida mala empeore,
que no tienen el derecho
que con mentiras imponen,
y que en escudos de farsas
se protegen y se encogen.
Ya les querría yo ver
sin siquiera pantalones,
ir arrastrando los culos
por las calles, tan enormes,
sin dinero y sin riqueza
que en su bolsillo lo pone
el pobre, pobre de turno.
Hay que ver, ¡manda cojones!