Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
HAY UN MUNDO CELESTE
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Siento el latir de aquel germen,
que me dice, como profecía de estrellas
que ya no vendrán veranos tórridos;
que quemen las bocas tempranas
y maduren las bocas malsanas
donde repican campanas
repican tañendo miserias
y lacerando el aire
y hacen la ermita un burdel
Ni vendrá después de esas tardes
de desafiar vaporosos antros
envuelta en su verde camastro
los truenos con su cincel
la punzante pelusa en vuelo
desgajada y echada a volar
esquirla primaveral,
Ni vendrá en sus carros de agua
el invierno frío, hórrido,
ni vendrá el otoño cruel.
No será testigo de una muerte negra,
no verá deudos sollozantes;
circundado por florales póstumos,
por lágrimas amantes
y cruces de piedra.
Y siento el latir tenue del germen celeste,
testigo presencial de hermosura;
será su vida trascendente, sin éste mundo,
de saña tétrica, oscura.
Por favor, no lo moleste.
Déjelo en su bolsa marsupial espinuda,
ya bastante tiene con el moho;
ese que le tienen levitando en su contorno.
Reparen en su lloro
y su frente que suda.
Y siento el latir tenue del germen triunfante.
¿Acaso ciegos, no lo ven ustedes?.
¿Seré yo el único que me dé cuenta?.
¿Será del cielo ver estas mercedes?.
¿Yo, pobre, infante?
&&&&&&
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Siento el latir de aquel germen,
que me dice, como profecía de estrellas
que ya no vendrán veranos tórridos;
que quemen las bocas tempranas
y maduren las bocas malsanas
donde repican campanas
repican tañendo miserias
y lacerando el aire
y hacen la ermita un burdel
Ni vendrá después de esas tardes
de desafiar vaporosos antros
envuelta en su verde camastro
los truenos con su cincel
la punzante pelusa en vuelo
desgajada y echada a volar
esquirla primaveral,
Ni vendrá en sus carros de agua
el invierno frío, hórrido,
ni vendrá el otoño cruel.
No será testigo de una muerte negra,
no verá deudos sollozantes;
circundado por florales póstumos,
por lágrimas amantes
y cruces de piedra.
Y siento el latir tenue del germen celeste,
testigo presencial de hermosura;
será su vida trascendente, sin éste mundo,
de saña tétrica, oscura.
Por favor, no lo moleste.
Déjelo en su bolsa marsupial espinuda,
ya bastante tiene con el moho;
ese que le tienen levitando en su contorno.
Reparen en su lloro
y su frente que suda.
Y siento el latir tenue del germen triunfante.
¿Acaso ciegos, no lo ven ustedes?.
¿Seré yo el único que me dé cuenta?.
¿Será del cielo ver estas mercedes?.
¿Yo, pobre, infante?
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