Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Se fue cesando el torbellino ya sin espiral
sembrando un silencio de acantilado,
como el que precede al temporal.
Detenidos y separados
por un triste cuadro,
que la ventana del autobús ha enmarcado.
Apenas le miras al acomodar tus cabellos
mientras buscas entre tus cosas,
¿No se qué cosa?
Con la tarde han ido creciendo los destellos.
Su reflejo en el vidrio,
tu mirada
detrás del mismo;
serena, como si nada
solo la hace extraña
el resplandor de filo de espada,
que acierta en su pecho y le daña.
La brisa humedece sus mejillas
y su corazón es una hoja estrujada,
que nadie lee sus cuartillas;
un descarte que fue a dar fuera del cesto.
Doloroso gesto de despedida.
¿Qué habrá hecho para merecer todo esto?
Permanece en la estación
con una esperanza terca que es su calvario,
de que a lo mejor sea escuchada su oración
antes de la partida del último en su horario;
inmóvil, espera la siguiente llegada
a que de repente decidas,
bajarte en la próxima parada
y vuelvas, para unir vuestras vidas.
(*)
Dedicado a la pareja anónima que se despidieron en la estación de autobuses, y fui testigo de ocasión, mientras esperaba a Aldana. Y de cuyas expresiones nació este intento, para tratar de decir y comprender que una partida en despedida despiadada; parte en pedazos al corazón y deja partida el alma.
_____________________________________________Víctor Andrés Ugaz Bermejo.
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