Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
He descubierto a que sabe la soledad,
tiene el cítrico color del infinito
y huele a la sombra implacable de un olvido.
Se vuelve manos que persiguen y arrinconan,
revela fotos de ese algo que nunca ha sido mío.
tiene el cítrico color del infinito
y huele a la sombra implacable de un olvido.
Se vuelve manos que persiguen y arrinconan,
revela fotos de ese algo que nunca ha sido mío.
El miedo se atrinchera
la calma presiente su relevo.
He descubierto que recordar es morir un poco,
que mi vestido de esperanza se deshila en un secreto
y respira solo cuando dice un nombre en el silencio.
Es la nostalgia de un acceso denegado,
un error de la memoria formateada con defectos.
que mi vestido de esperanza se deshila en un secreto
y respira solo cuando dice un nombre en el silencio.
Es la nostalgia de un acceso denegado,
un error de la memoria formateada con defectos.
La sonrisa se pierde
el alma comienza su descenso.
He descubierto entre la ausencia
que no puedo hablarle al aire;
que soy anhelo ilógico oclusiva esencia,
pasión escondida por un amor en lejanía,
cuerpo al trasluz, convicción sin vida.
La evolución se detiene se añora la presencia.
que no puedo hablarle al aire;
que soy anhelo ilógico oclusiva esencia,
pasión escondida por un amor en lejanía,
cuerpo al trasluz, convicción sin vida.
La evolución se detiene se añora la presencia.
He descubierto los sabores grises de los días
y el salado de una lágrima que invade.
No hay templanza que me impulse a escupir la cara del destierro.
La fortaleza balancea Mi neurona muere en el intento.
y el salado de una lágrima que invade.
No hay templanza que me impulse a escupir la cara del destierro.
La fortaleza balancea Mi neurona muere en el intento.
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