Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
He muerto.
Yo no soy aquello.
Esos no son nuestros rostros.
La playa endureció los gestos,
el mar se tragó las bocas,
su arena interior eriza tu cuerpo,
lo allana con flautas de la luz
pero vos no sos aquella
la que se hiere en la distancia
y yo no muerdo su aire.
He muerto. Cercanamente,
sobre la vida de aquello que ama,
dejado las puertas del laurel sombrío,
marchado desde su aroma,
hasta el pulso sonoro
que asola el camino
con los mismos rasgos de quietud.
Yo no soy aquello.
Esos no son nuestros rostros.
La playa endureció los gestos,
el mar se tragó las bocas,
su arena interior eriza tu cuerpo,
lo allana con flautas de la luz
pero vos no sos aquella
la que se hiere en la distancia
y yo no muerdo su aire.
He muerto. Cercanamente,
sobre la vida de aquello que ama,
dejado las puertas del laurel sombrío,
marchado desde su aroma,
hasta el pulso sonoro
que asola el camino
con los mismos rasgos de quietud.
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