David Bernal
Poeta recién llegado
He perdido el arte
De este corazón doliente
No lo encuentro en los ojos, tristes
De la mujer que me quiere
Ni en las barricas de vino
Oscuro, como la muerte
Ni en labios tiernos ardientes, latidos
Atardeceres de oriente
Lo he perdido en las dunas
En el agua de la fuente
Cantaros rotos de arcilla, roja
Briznas verdes
No lo veo en el camino
Arrebolando los sauces
Meciendo los níveos juncos
Este viento de septiembre
He perdido las rimas
Disueltas, años futuros
Que pesan sobre mis hombros
Sobre mis hombros desnudos
Grabándose las correas
Látigos de esquirla y brea
El tiempo como una estaca
Clavada hasta resquebrajar la veta
Guardo los minutos en una cajita de latón
Con las sonrisas y las caricias etéreas
Con los colores de oleo, las cuerdas de mi guitarra
Con lo que juré ser un día
Y la hoja de mi guadaña
He perdido el arte
Entre un montón de monedas
De cobre, huelen a oxido viejo
De oro, no valen mas que mi suerte
Llévame al país donde condensa el rocío
Antes que me cieguen cataratas
Que quiero ver claveles brotando
Cuando me saque este hierro
Mi sangre chorreando los dedos
Goteando el filo de acero
Sabiendo que así he vencido
A estos gigantes de paja
Que me han clavado en mis sueños
El filo absurdo del tiempo
Y me han secado a lisonjas
Las gotas de mi tintero
Truenen cañones, estrépitos de azufre y fuego
Rómpanse en pedazos los espejos
Partanse los muros como mazapanes
Bajo el fulgor de mi Marte guerrero
Que el arte está en cualquier parte
Aunque me cueste creerlo
Hada de noche y suspiro
Caminante sin camino
En las heras solo hambre
Gorrinos esperando inocentes
Heladas inclementes de enero
Convertirse en picadura
El molinillo asido al tablero
Para meterse en sus tripas
Llenos de sal vino sebo
Y especias, de medio duro
Yo no quiero ser cerdo
No, no quiero esa ruina
Tener lo que todos quieren
Y solo un alma vacía
Yo lo que quiero son alas
Así como de golondrina
Y la fruta que crece ahí fuera
Entre el olor de mandarína
De este corazón doliente
No lo encuentro en los ojos, tristes
De la mujer que me quiere
Ni en las barricas de vino
Oscuro, como la muerte
Ni en labios tiernos ardientes, latidos
Atardeceres de oriente
Lo he perdido en las dunas
En el agua de la fuente
Cantaros rotos de arcilla, roja
Briznas verdes
No lo veo en el camino
Arrebolando los sauces
Meciendo los níveos juncos
Este viento de septiembre
He perdido las rimas
Disueltas, años futuros
Que pesan sobre mis hombros
Sobre mis hombros desnudos
Grabándose las correas
Látigos de esquirla y brea
El tiempo como una estaca
Clavada hasta resquebrajar la veta
Guardo los minutos en una cajita de latón
Con las sonrisas y las caricias etéreas
Con los colores de oleo, las cuerdas de mi guitarra
Con lo que juré ser un día
Y la hoja de mi guadaña
He perdido el arte
Entre un montón de monedas
De cobre, huelen a oxido viejo
De oro, no valen mas que mi suerte
Llévame al país donde condensa el rocío
Antes que me cieguen cataratas
Que quiero ver claveles brotando
Cuando me saque este hierro
Mi sangre chorreando los dedos
Goteando el filo de acero
Sabiendo que así he vencido
A estos gigantes de paja
Que me han clavado en mis sueños
El filo absurdo del tiempo
Y me han secado a lisonjas
Las gotas de mi tintero
Truenen cañones, estrépitos de azufre y fuego
Rómpanse en pedazos los espejos
Partanse los muros como mazapanes
Bajo el fulgor de mi Marte guerrero
Que el arte está en cualquier parte
Aunque me cueste creerlo
Hada de noche y suspiro
Caminante sin camino
En las heras solo hambre
Gorrinos esperando inocentes
Heladas inclementes de enero
Convertirse en picadura
El molinillo asido al tablero
Para meterse en sus tripas
Llenos de sal vino sebo
Y especias, de medio duro
Yo no quiero ser cerdo
No, no quiero esa ruina
Tener lo que todos quieren
Y solo un alma vacía
Yo lo que quiero son alas
Así como de golondrina
Y la fruta que crece ahí fuera
Entre el olor de mandarína
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