He renunciado a ti,
como el tren que deja atrás
la última estación en la madrugada,
como el río que olvida
sus primeras piedras al abrazar el mar.
He renunciado a ti,
con la obstinación del árbol
que deja caer sus hojas,
uno por uno, hasta quedar desnudo,
mientras el invierno sopla en su oído
promesas de renacimiento.
Te he dejado ir,
como el viento que no vuelve
sobre sus propios pasos,
como la sombra que se disuelve
en el crepúsculo,
sin mirar atrás,
sin una palabra,
sin un suspiro.
Te he dejado atrás,
como la piel que mudamos
en primavera,
como el niño que suelta
el globo en el cielo,
sin más esperanza
que el vuelo infinito,
que la libertad de lo inalcanzable.
He renunciado a ti,
como el insomnio que finalmente
encuentra el descanso,
como la marea que cede
a la calma del amanecer.
Te he dejado ir,
no porque no te ame,
sino porque te amé demasiado,
y en ese amor,
perdí la brújula
de mi propia alma.
Así, te dejo,
no en el olvido,
sino en la memoria
de todo lo que fuimos,
de todo lo que podríamos haber sido,
y en ese acto,
me renazco a mí mismo,
libre de ti,
lleno de mí.
como el tren que deja atrás
la última estación en la madrugada,
como el río que olvida
sus primeras piedras al abrazar el mar.
He renunciado a ti,
con la obstinación del árbol
que deja caer sus hojas,
uno por uno, hasta quedar desnudo,
mientras el invierno sopla en su oído
promesas de renacimiento.
Te he dejado ir,
como el viento que no vuelve
sobre sus propios pasos,
como la sombra que se disuelve
en el crepúsculo,
sin mirar atrás,
sin una palabra,
sin un suspiro.
Te he dejado atrás,
como la piel que mudamos
en primavera,
como el niño que suelta
el globo en el cielo,
sin más esperanza
que el vuelo infinito,
que la libertad de lo inalcanzable.
He renunciado a ti,
como el insomnio que finalmente
encuentra el descanso,
como la marea que cede
a la calma del amanecer.
Te he dejado ir,
no porque no te ame,
sino porque te amé demasiado,
y en ese amor,
perdí la brújula
de mi propia alma.
Así, te dejo,
no en el olvido,
sino en la memoria
de todo lo que fuimos,
de todo lo que podríamos haber sido,
y en ese acto,
me renazco a mí mismo,
libre de ti,
lleno de mí.