Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Y es así,
he visto tus dedos, tus infinitos y minúsculos redondeles lanzar aire,
lanzar el fuego, el rugir de mares, las luces de colores, tu donaire,
he visto cómo despliegas tus voces,
tus honorables voces,
tus decires y cantares, expulsando todo desde tus yemas,
desde los cuidadosos, certeros, deliciosos temas,
tus eternas cavilaciones, lanzar misterio,
lanzar historia,
lanzar memoria,
emitir sonidos enervantes de aquellas pastillas milagrosas, insidiosas,
asesinas que pululan en los centros de entrega,
donde todos luchan por entrar en la refriega,
obtener la dosis,
morir agitados,
cansados, yertos en la necrosis,
eso es,
es el fuego fatuo de tu encanto, la destreza molecular de tus rencillas,
el pelo suelto,
la sonrisa alada,
la cara desencajada, mueca burlona,
tantas voces que te escuchan y te aclaman,
he visto cómo ansían, cómo beben, cómo viven y marchitan sus sentidos,
sus aullidos en alaridos que pueblan la noche,
la noche distinta de las otras, con cena y descanso,
esto es otra cosa, es el mar que ruge y escupe agua, espuma, gotas,
las venas que decoran tu mirada, tus ojos que escupen llamaradas,
tus manos,
tus dedos,
he visto que lanzan las alarmas, decoran las ventanas,
se llama a los bomberos, de esos que apagan bombas explosivas,
revividas en tus cantos, y he visto tus deseos encenderse y apagarse en otros,
en lejanos paraísos,
distritos,
en ellos,
y en nosotros.
he visto tus dedos, tus infinitos y minúsculos redondeles lanzar aire,
lanzar el fuego, el rugir de mares, las luces de colores, tu donaire,
he visto cómo despliegas tus voces,
tus honorables voces,
tus decires y cantares, expulsando todo desde tus yemas,
desde los cuidadosos, certeros, deliciosos temas,
tus eternas cavilaciones, lanzar misterio,
lanzar historia,
lanzar memoria,
emitir sonidos enervantes de aquellas pastillas milagrosas, insidiosas,
asesinas que pululan en los centros de entrega,
donde todos luchan por entrar en la refriega,
obtener la dosis,
morir agitados,
cansados, yertos en la necrosis,
eso es,
es el fuego fatuo de tu encanto, la destreza molecular de tus rencillas,
el pelo suelto,
la sonrisa alada,
la cara desencajada, mueca burlona,
tantas voces que te escuchan y te aclaman,
he visto cómo ansían, cómo beben, cómo viven y marchitan sus sentidos,
sus aullidos en alaridos que pueblan la noche,
la noche distinta de las otras, con cena y descanso,
esto es otra cosa, es el mar que ruge y escupe agua, espuma, gotas,
las venas que decoran tu mirada, tus ojos que escupen llamaradas,
tus manos,
tus dedos,
he visto que lanzan las alarmas, decoran las ventanas,
se llama a los bomberos, de esos que apagan bombas explosivas,
revividas en tus cantos, y he visto tus deseos encenderse y apagarse en otros,
en lejanos paraísos,
distritos,
en ellos,
y en nosotros.
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