Nat Guttlein
さん
La máscara envuelve tus heridas, aquellas que rebasan en lágrimas de suplicio.
Ya ni siquiera te esfuerzas por entender los cortes.
Más dopamina flota en el café
Razones que van y vienen,
miradas que lastiman.
Los muebles fueron lustrados,
las camas están hechas,
ropa limpia y planchada,
platos lavados,
y sobre el piso descansa una fina capa de esplendor.
La soledad parece rebotar sobre paredes vacías.
Entiende,
todo está completamente en orden.
Todo,
excepto tus pensamientos,
y no intentes ordenarlos,
podes toparte de frente con el espejo.
Ya ni siquiera te esfuerzas por entender los cortes.
Más dopamina flota en el café
Razones que van y vienen,
miradas que lastiman.
Los muebles fueron lustrados,
las camas están hechas,
ropa limpia y planchada,
platos lavados,
y sobre el piso descansa una fina capa de esplendor.
La soledad parece rebotar sobre paredes vacías.
Entiende,
todo está completamente en orden.
Todo,
excepto tus pensamientos,
y no intentes ordenarlos,
podes toparte de frente con el espejo.