jmacgar
Poeta veterano en el portal
¿Cuándo amanecerá tu hermoso día
la oscuridad que el alma me anochece?
Confieso que mi culpa siempre crece,
y que es la culpa de que crezca mía.
Francisco de Quevedo
la oscuridad que el alma me anochece?
Confieso que mi culpa siempre crece,
y que es la culpa de que crezca mía.
Francisco de Quevedo
Heráclito envejece
Mi espíritu esta angustia no merece,
larga se hace la noche, una agonía;
una voz me pregunta y me estremece:
¿cuándo amanecerá tu hermoso día?
La lucha contra el tiempo es mi porfía,
es corriente que arrastra y ensombrece,
¿haré retroceder a lejanía
la oscuridad que el alma me anochece?
Al mar va el río, Heráclito envejece,
y al observar mis yerros con hombría
confieso que mi culpa siempre crece
porque va hacia peor la mejoría,*
medra la culpa, mal que a mí me pese,
y que es la culpa de que crezca mía.
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*Dicho que se usa en Canarias que podría equivaler a “ir de Guatemala a Guatepeor”
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El cuarteto que gloso es el segundo de:
Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de David (1613)
Salmo III
de Francisco de Quevedo y Villegas que he querido reproducir aquí pues además de su belleza, tiene la particularidad de tener rimas : ABBC CDDC EEF FgG, o sea que los cuartetos tienen rimas diferentes entre sí y los tercetos los constituyen tres pareados y tiene además un pie quebrado (verso heptasílabo) en el verso trece. Realmente es un curioso soneto para ser del Siglo de Oro.
¿Hasta cuándo, salud del mundo enfermo,
sordo estarás a los suspiros míos?
¿Cuándo mis tristes ojos, vueltos ríos,
a tu mar llegarán desde este yermo?
¿Cuándo amanecerá tu hermoso día
la oscuridad que el alma me anochece?
Confieso que mi culpa siempre crece,
y que es la culpa de que crezca mía.
Su fuerza muestra el rayo en lo más fuerte
y en los reyes y príncipes la muerte;
resplandece el poder inaccesible
en dar facilidad a lo imposible;
y tu piedad inmensa
más se conoce en mi mayor ofensa.
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El cuarteto que gloso es el segundo de:
Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de David (1613)
Salmo III
de Francisco de Quevedo y Villegas que he querido reproducir aquí pues además de su belleza, tiene la particularidad de tener rimas : ABBC CDDC EEF FgG, o sea que los cuartetos tienen rimas diferentes entre sí y los tercetos los constituyen tres pareados y tiene además un pie quebrado (verso heptasílabo) en el verso trece. Realmente es un curioso soneto para ser del Siglo de Oro.
¿Hasta cuándo, salud del mundo enfermo,
sordo estarás a los suspiros míos?
¿Cuándo mis tristes ojos, vueltos ríos,
a tu mar llegarán desde este yermo?
¿Cuándo amanecerá tu hermoso día
la oscuridad que el alma me anochece?
Confieso que mi culpa siempre crece,
y que es la culpa de que crezca mía.
Su fuerza muestra el rayo en lo más fuerte
y en los reyes y príncipes la muerte;
resplandece el poder inaccesible
en dar facilidad a lo imposible;
y tu piedad inmensa
más se conoce en mi mayor ofensa.
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