Ziler
Poeta recién llegado
La lluvia me persigue; ¿será que me encierran
con barrotes transparentes
mientras sopeso la ilustración prescrita
del beso inerte de la muerte?
Masacrando mi historia, fumo
acompañado de mi dolor,
diáfano y taciturno;
solo distingo lágrimas o gotas que, como unos pajes, acompañan a su sombra a irse con la lluvia.
¡Cuánta razón tenía Baudelaire
en que, cuando el cielo se cierne sobre un melancólico,
se derramará un día oscuro,
más oscuro que la noche!
Ya los olores de humedad comienzan a desprender
la fachada de arquetipo de Hamlet
y queda solo una maldita obra gris,
cementada y desbaratada;
como un blasón que es imposible de dibujar,
el cual lleva en su escudo una tempestad
que se ríe del Heraldo y
que en un intento de mofa insurrecta le obliga a recita su propia justa.
con barrotes transparentes
mientras sopeso la ilustración prescrita
del beso inerte de la muerte?
Masacrando mi historia, fumo
acompañado de mi dolor,
diáfano y taciturno;
solo distingo lágrimas o gotas que, como unos pajes, acompañan a su sombra a irse con la lluvia.
¡Cuánta razón tenía Baudelaire
en que, cuando el cielo se cierne sobre un melancólico,
se derramará un día oscuro,
más oscuro que la noche!
Ya los olores de humedad comienzan a desprender
la fachada de arquetipo de Hamlet
y queda solo una maldita obra gris,
cementada y desbaratada;
como un blasón que es imposible de dibujar,
el cual lleva en su escudo una tempestad
que se ríe del Heraldo y
que en un intento de mofa insurrecta le obliga a recita su propia justa.