Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Heredé de ti mis ojos reacios, rechazos a los espacios,
a tus alaridos de sudor,
de rabia y pena,
a tus alaridos de dolor que tanto me reconfortan, a veces,
con decir sandeces renuevas mi amor por ti,
heredo tus manos, tus párpados repletos de dados misteriosos que apuestan por mi vida, por mi derecho a tenerte y a tu derecho a elevarme, a tomar en vilo mi alma, sacudirla y renovarla, desearla para ti,
compartirla con Dios,
repartirla para los infieles,
recoger tus manos,
mis ojos,
mis dedos tullidos de frío,
sangrantes por las yemas, eso es por tus alfileres de muerte,
de vida porque me laten,
me preguntan y se contestan,
tu yugular la promesa de ríos en lujuria, mi historia, tu gloria,
baños de sangre, regueros de pólvora,
teñida, negra y gris, como tus días, como mis noches junto a ti,
como leprosos que recaen en las drogas, y se curan de la lepra,
encierran misterios de sombras y patines con ruedas mojadas de sangre morada,
las moras las quejas cercanas a ti,
repletas de mí, cercanas a ti,
lejanas a mí, con tu alma a cuestas,
con tus dientes rojitos,
oscuritos y contritos, un día para alabar tus locuras,
mis caminatas por las oscuras colinas de cientos de ahorcados,
colados en la función de nuestros alaridos,
cocidos,
enmohecidos y tan releídos, como oscuras bandas musicales que tocan mal,
pero qué ropajes!
son reales montajes teatrales, ropajes mortales, locales, timbales y salsa,
recorren con botas,
guitarra, como el gato con botas, como la bruja y el campesion, seducido por ella,
ultrajado y feliz, repleto de estrellas,
como lejos,
lejano y bohemio, un risueño señor de los campos,
ella una hirsuta mujer voluptuosa, deseosa y tan empeñosa!
suplico respeto por los presidiarios sin noche,
por oscuros seres proletarios de las nieves,
en relieve,
en incómodas posiciones,
que heredo a medida que te observo,
que te miro,
que te espero.
a tus alaridos de sudor,
de rabia y pena,
a tus alaridos de dolor que tanto me reconfortan, a veces,
con decir sandeces renuevas mi amor por ti,
heredo tus manos, tus párpados repletos de dados misteriosos que apuestan por mi vida, por mi derecho a tenerte y a tu derecho a elevarme, a tomar en vilo mi alma, sacudirla y renovarla, desearla para ti,
compartirla con Dios,
repartirla para los infieles,
recoger tus manos,
mis ojos,
mis dedos tullidos de frío,
sangrantes por las yemas, eso es por tus alfileres de muerte,
de vida porque me laten,
me preguntan y se contestan,
tu yugular la promesa de ríos en lujuria, mi historia, tu gloria,
baños de sangre, regueros de pólvora,
teñida, negra y gris, como tus días, como mis noches junto a ti,
como leprosos que recaen en las drogas, y se curan de la lepra,
encierran misterios de sombras y patines con ruedas mojadas de sangre morada,
las moras las quejas cercanas a ti,
repletas de mí, cercanas a ti,
lejanas a mí, con tu alma a cuestas,
con tus dientes rojitos,
oscuritos y contritos, un día para alabar tus locuras,
mis caminatas por las oscuras colinas de cientos de ahorcados,
colados en la función de nuestros alaridos,
cocidos,
enmohecidos y tan releídos, como oscuras bandas musicales que tocan mal,
pero qué ropajes!
son reales montajes teatrales, ropajes mortales, locales, timbales y salsa,
recorren con botas,
guitarra, como el gato con botas, como la bruja y el campesion, seducido por ella,
ultrajado y feliz, repleto de estrellas,
como lejos,
lejano y bohemio, un risueño señor de los campos,
ella una hirsuta mujer voluptuosa, deseosa y tan empeñosa!
suplico respeto por los presidiarios sin noche,
por oscuros seres proletarios de las nieves,
en relieve,
en incómodas posiciones,
que heredo a medida que te observo,
que te miro,
que te espero.