Los pétalos ensangrentados de la mustia rosa mística caen al empolvado suelo donde tú,bella doncella de nimbo glorioso y estrellado,te arrodillas para rezar plegarias a tu demonio tutelar.Has sido herida por la dorada flecha del travieso y festivo Cupido y ahora quieres que la dádiva del amor esplendoroso abra tu corazón de amapola,para que la imagen sagrada de tu divinizado amado se eternice en graciosa imagen portentosa de inmaculada estampa,barnizada con el vino sacro del mismísimo Baco envuelto en el manto de purpúrea mediumnidad. Pero intuyes que él,el objeto inalcanzable de tu ídolo carnal,se ríe de ti cada vez que gimes de placer;cada vez que su semblante de bello Febo asoma en el ventanal abierto de la aurora fantasmal de tu fiel memoria.¡Oh!sí,el deseo arde en ti como un leño prendido en mitad de la desnuda noche a rebosar de pasiones concupiscibles y atormentadas.Pero no te olvides de él por nada del oro reluciente del blasfemo y cruel mundo.Pues si así lo hicieses,él se apartaría de ti no sin antes estrujar cruelmente tu espíritu debilitado por las cuitas que fogosa pasión en tinieblas insertó en tu lacerado pensamiento penumbroso de amazona debilitada por el vil tiempo.
Última edición: