Adrian Gerardo
Poeta fiel al portal
Me deslice a la ciudad y con cuanta luz me cruce, decidí reparar en coleccionar, formando un bosquejo perplejo.
Encendí la moto, me volví un rugido del viento, mis pelos acariciaban el aire.
Una meditación en la urbe, plasmada con inmensos sonidos significativos.
Mirando, volviendo a la conciencia social, me cruce con muchos héroes cotidianos.
Un panadero de magia sideral, hacia el pan, un gomero de servicio a toda hora, una mujer preparando tostadas a sus niños.
Una aventura de golondrinas, mis pensamientos como serpientes de luz, treparon la ionosfera, derretido ante el sol.
Lo mire con intensidad, a toda fuerza de voluntad, para sostener tremenda luz, luego de estabilizarme, su aura rosa tejió el infinito.
Aromas del bosque trajeron el canto, casi imposible de captarlos en una ciudad ruidosa, pero no hay límites a la trascendencia del ser.
Dos niños charlaban en el cordón de la esquina, el agua del otoño apenas tocaba sus pies, una hojita cruzo sin ser vista, pero no la soñé, te juro estaba ahí.
Como el abrazo de la familia que se da, tan sutil, tan desbordante, cuanto los amo mis hermanos, si es una gloria nombrarles.
Bendita tu obra, benditos tus pasos, bendito destino, que han marcado los nobles actos.
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