Hay tanta prueba de mi amor que yace
en tu árida memoria, pitonisa,
secando al sol, curtida, siendo fase
casi extinta y llevando poca prisa.
Dentro de ti la lluvia te deshace
y no adivina que con una brisa
de tu humedad vital mi piel renace.
Pero es tu obstinación la actual premisa.
¿Acaso las estrellas son errantes
y solo destinadas a un encuentro
pretérito y fugaz? Que petulantes.
Que sinrazón vivir, sin epicentro,
cargando las heridas delirantes,
llevándolas por fuera y por adentro.