El hielo es no arder con el fuego,
quedarme sin beso que daña,
sin espasmo suave,
alejarme de tus volados ojos
de la noche impregnada.
El delírio es no contar con tigo,
quedarme sin recuerdo,
quemar los folios de ceniza
entre la línea infranqueable.
Susúrrame otra vez ese grito tuyo
sin frontera ni nombre,
sin cortinas ni dioses,
sin más detalles
que una verdad desnuda.
Te espero en la noche sencilla,
en el tiempo costruido de arcilla.
Susúrrame otra vez ese verso tuyo
para deshacer el témpano incrustado
y que no arrase la ruina
este reino férreo de astros .
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