Ya no suspiro por el hierro de negro-azulado,
aún caliente, joven, liso, de tacto aterciopelado,
me fascina el hierro herrumbro y desmacrado,
viejo y cuarteado de mil usos y arrumbado,
que fue arrojado al suelo y abandonado.
Es su herrumbre la que me dice,
la que me habla y me escribe,
sobre unos tiempos ya olvidados,
de unos usos ya perdidos,
perdidos, olvidados y añorados,
late aún su corazón de hierro,
de hierro negro-azulado.
aún caliente, joven, liso, de tacto aterciopelado,
me fascina el hierro herrumbro y desmacrado,
viejo y cuarteado de mil usos y arrumbado,
que fue arrojado al suelo y abandonado.
Es su herrumbre la que me dice,
la que me habla y me escribe,
sobre unos tiempos ya olvidados,
de unos usos ya perdidos,
perdidos, olvidados y añorados,
late aún su corazón de hierro,
de hierro negro-azulado.