danie
solo un pensamiento...
Un hado en la prieta noche,
con el fulgor de la canícula
relucían macilentos astros
de fornidas aureolas;
diáfana de la luna albúmina y sofría
resplandecía al lucero vespertino.
La Venus de los astros
se poso en tu rostro
con la gracia de las luciérnagas
y la cortesía del mar arrullando la aurora.
Un hado en la prieta noche me susurro al oído
que Cupido te bajo de los celajes del cielo
depositándote sobre el tálamo de mi lecho,
cónyuge de sol y amante de mis terrenales deseos…
Un hado en la fosca noche fue nuestro único testigo,
de la bruma sempiterna que decanta
de las arpas y laúdes del oasis del vergel.
Fue entonces cuando me di cuenta que sucumbí
ante tu solemne imperio,
bastión para las mazmorras de mis aposentos.
¿Será qué la luna te prolífico para demostrarme
la soberanía qué ejerces sobre esté siervo?
¿Será qué mi designio es el de venerarte?
Hija de Tea y Serena, o la mismísima Artemis,
deidad que fecunda el elixir paradisíaco
y divino ante cual fenecí con la sonrisa pagana
y reverente de tu regazo íntimo y secreto;
anhelos para meros mortales,
pináculos de gélidos duelos por el simple hecho
de querer probar tu néctar imperecedero.
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