Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Luego de dar el alma,
si defraudada,
no quedando más nada,
¿qué más se anhela?
Yo no tengo de mi alma
más que una hilacha
pero guardo esperanza
de entretejerla.
Unos tienen el alma
fúlgida y blanca,
otros ensangrentada,
podrida y negra.
Unos lucen el alma
jerarquizada,
otros menoscabada
por la miseria.
Unos van con el alma
serena y calma,
otros atormentada:
¡rayo y centella!
Unos llevan el alma
derecha y sana,
otros, arrodillada:
droga y botella.
Yo no vendo mi alma
por mucha “lana”,
quiero de suerte hilacha,
no la madeja.
Luego de dar el alma,
si defraudada,
no quedando más nada…
¡Queda rehacerla!
si defraudada,
no quedando más nada,
¿qué más se anhela?
Yo no tengo de mi alma
más que una hilacha
pero guardo esperanza
de entretejerla.
Unos tienen el alma
fúlgida y blanca,
otros ensangrentada,
podrida y negra.
Unos lucen el alma
jerarquizada,
otros menoscabada
por la miseria.
Unos van con el alma
serena y calma,
otros atormentada:
¡rayo y centella!
Unos llevan el alma
derecha y sana,
otros, arrodillada:
droga y botella.
Yo no vendo mi alma
por mucha “lana”,
quiero de suerte hilacha,
no la madeja.
Luego de dar el alma,
si defraudada,
no quedando más nada…
¡Queda rehacerla!
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