Noirxem
Poeta recién llegado
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Hilando la mortaja con hilo de peluche
Los osos de peluche se asoman al alféizar,
con ojos de botón que ya olvidaron ver.
Afuera cae la nieve que aprende a no doler
y adentro el viejo té nos invita a callar.
Es tibia la mordida que deja el pan con miel,
tan blanda la caricia que va de mano en mano.
En el mantel a cuadros descansa el vil gusano
disfrazado de miga, cortés, leal y fiel.
La abuela da la nana meciendo la cuchilla,
su arrullo es un acero que se volvió algodón.
Duérmete, vida mía, que el lobo es la razón
y el bosque una promesa que cumple en la mejilla.
Mira cómo dibujan los niños en la escarcha
corazones, estrellas, un sol que no ilumina.
La tiza es polvo de hueso, cal muerta y tan fina
que al beso de la brisa se vuelve blanca marcha
Del vientre de la cuna cuelga un móvil sonoro:
estrellas de papel y un pez de blanca lana.
Meciéndose suave, su música es la gana
con que cava la hormiga su diminuto foro.
Afuera hay pajaritos que pían sobre el cieno.
¡Qué dulces sus plumones manchados de alba gris!
Les damos miga blanda, les damos el país,
la trampa con alpiste y el cepo de sereno.
¿No sientes el perfume a pétalos ajados?
Son rosas que se pudren en agua de jarrón.
Qué lástima de tallo. Qué roto el corazón
del ramo que sonríe a los recién casados.
Juguemos en el parque hasta que anochecido
el columpio nos meza con música oxidada.
La arena guarda tibia la forma de una pala,
y abajo, la otra forma de un sueño ya cumplido.
No llores por el perro que duerme en la vereda
con sueño tan profundo que nadie lo despierta.
Mañana compraremos la estampa más abierta,
un nuevo peludito de piel de lana y seda.
Guardemos en la caja de lata de galletas
(que tiene una pastora pintada en el metal)
las uñas del difunto, su última señal,
la tierna ceremonia de esconder las macetas.
Vendrá la primavera vistiendo broche y lazo,
con pájaros de fieltro cosidos al vacío.
Yo te daré un abrazo tan limpio y tan sombrío
como el que da la tierra al último regazo.
Mas mira qué bonito, ya duermen los ositos,
tapados con la colcha que la noche zurció.
Durmamos como ellos sin un porqué ni adiós,
al fin la vida es eso: un juego de lo ajeno
unos dedos malditos comiendo del terreno
-Noirxem
Hilando la mortaja con hilo de peluche
Los osos de peluche se asoman al alféizar,
con ojos de botón que ya olvidaron ver.
Afuera cae la nieve que aprende a no doler
y adentro el viejo té nos invita a callar.
Es tibia la mordida que deja el pan con miel,
tan blanda la caricia que va de mano en mano.
En el mantel a cuadros descansa el vil gusano
disfrazado de miga, cortés, leal y fiel.
La abuela da la nana meciendo la cuchilla,
su arrullo es un acero que se volvió algodón.
Duérmete, vida mía, que el lobo es la razón
y el bosque una promesa que cumple en la mejilla.
Mira cómo dibujan los niños en la escarcha
corazones, estrellas, un sol que no ilumina.
La tiza es polvo de hueso, cal muerta y tan fina
que al beso de la brisa se vuelve blanca marcha
Del vientre de la cuna cuelga un móvil sonoro:
estrellas de papel y un pez de blanca lana.
Meciéndose suave, su música es la gana
con que cava la hormiga su diminuto foro.
Afuera hay pajaritos que pían sobre el cieno.
¡Qué dulces sus plumones manchados de alba gris!
Les damos miga blanda, les damos el país,
la trampa con alpiste y el cepo de sereno.
¿No sientes el perfume a pétalos ajados?
Son rosas que se pudren en agua de jarrón.
Qué lástima de tallo. Qué roto el corazón
del ramo que sonríe a los recién casados.
Juguemos en el parque hasta que anochecido
el columpio nos meza con música oxidada.
La arena guarda tibia la forma de una pala,
y abajo, la otra forma de un sueño ya cumplido.
No llores por el perro que duerme en la vereda
con sueño tan profundo que nadie lo despierta.
Mañana compraremos la estampa más abierta,
un nuevo peludito de piel de lana y seda.
Guardemos en la caja de lata de galletas
(que tiene una pastora pintada en el metal)
las uñas del difunto, su última señal,
la tierna ceremonia de esconder las macetas.
Vendrá la primavera vistiendo broche y lazo,
con pájaros de fieltro cosidos al vacío.
Yo te daré un abrazo tan limpio y tan sombrío
como el que da la tierra al último regazo.
Mas mira qué bonito, ya duermen los ositos,
tapados con la colcha que la noche zurció.
Durmamos como ellos sin un porqué ni adiós,
al fin la vida es eso: un juego de lo ajeno
unos dedos malditos comiendo del terreno
-Noirxem