HILOS DEL TIEMPO QUE HUYE
« La mia gioia è malinconia. »
Michelangelo Buonarroti
Cierra la luz oblicua de la tarde
las tristezas de amantes que no fueron,
las paredes luminosas que se apagan
las presencias calladas de otros cielos.
Lloran los muros sobre las frases incisas,
sobre palabras de amor y de recuerdo.
Apenas una sombra queda ya de tanto asombro.
Lloran los muros verdinegros de silencio.
Murieron los árboles con las últimas risas de los niños.
Se apagó la fuente y su murmullo caricioso.
Huyeron los pajarillos.
Triunfó la alegría sombría del melancólico.
Apenas ya alguna vieja beata de caminar silencioso
transita, cansino el paso, para ir a misa de ocho .
Despierta, en cambio, el mármol que ocultaba su belleza,
para llorar su desconsuelo. Un día más ha transcurrido
en el árido camino del olvido.
Dentro de su forma cincelada late un corazón de hielo,
y se entretejen venas aovilladas, escleróticas,
que arrastran por caminos sin destino
los últimos temblores de los muertos.
La melancolía que araña el alma nace de nuevo.
Plaza de la que huyeron las estrellas de la noche
asustadas por farolas o luciérnagas sin fuego.
Plaza donde el bullicio exilado busca sombras,
densas sombras de los amantes que no fueron.
Melancolía, dulce veneno, saciadora de tristezas,
duelo, refugio presentido de amores sin aciertos,
musgo que, aunque bello, es heraldo del invierno:
déjame escribir en la hoja caída del magnolio
estos mis últimos versos,
déjame tejer los hilos fugaces
de mi tiempo.
Ilust.: “Melanconia”. Giorgio de Chirico.
(De Pinterest)
« La mia gioia è malinconia. »
Michelangelo Buonarroti
Cierra la luz oblicua de la tarde
las tristezas de amantes que no fueron,
las paredes luminosas que se apagan
las presencias calladas de otros cielos.
Lloran los muros sobre las frases incisas,
sobre palabras de amor y de recuerdo.
Apenas una sombra queda ya de tanto asombro.
Lloran los muros verdinegros de silencio.
Murieron los árboles con las últimas risas de los niños.
Se apagó la fuente y su murmullo caricioso.
Huyeron los pajarillos.
Triunfó la alegría sombría del melancólico.
Apenas ya alguna vieja beata de caminar silencioso
transita, cansino el paso, para ir a misa de ocho .
Despierta, en cambio, el mármol que ocultaba su belleza,
para llorar su desconsuelo. Un día más ha transcurrido
en el árido camino del olvido.
Dentro de su forma cincelada late un corazón de hielo,
y se entretejen venas aovilladas, escleróticas,
que arrastran por caminos sin destino
los últimos temblores de los muertos.
La melancolía que araña el alma nace de nuevo.
Plaza de la que huyeron las estrellas de la noche
asustadas por farolas o luciérnagas sin fuego.
Plaza donde el bullicio exilado busca sombras,
densas sombras de los amantes que no fueron.
Melancolía, dulce veneno, saciadora de tristezas,
duelo, refugio presentido de amores sin aciertos,
musgo que, aunque bello, es heraldo del invierno:
déjame escribir en la hoja caída del magnolio
estos mis últimos versos,
déjame tejer los hilos fugaces
de mi tiempo.
Ilust.: “Melanconia”. Giorgio de Chirico.
(De Pinterest)
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