Hilvanando diez minutos

ivoralgor

Poeta fiel al portal
Estaba en la cocina y pretendía acuñar las letras que se desbordaban en mis ojos. El ruido del televisor me distraía un poco. El cereal crujía en el tazón con leche sin-lactosa. Una moneda de diez centavos se entrelazaba con los dedos de mi mano izquierda. El tenue aire que emergía del ventilador de pedestal sofocaba poco el calor que tenía. Se dislocaba la cuchara en el tazón y no sabía qué hacer con ese crujir de arroz tostado. Fueron diez minutos los que hilvané tu rostro en las rendijas del recuerdo: tu vestido blanco ondeaba en mis ojos inquietos, tus labios pintaban mi pecho desnudo, la brisa del mar acurrucaba toda tu desnudez. Quise desahogarme y acabé inundado en llanto. Una pequeña mano tocó mi hombro derecho.

- Me das el cereal abuelito – me dijo con vocecita tierna.

Vio temblar mis manos y derramar algo de leche del tazón.

- ¿Por qué lloras abuelito? – se apresuró a preguntar.

Un largo silencio fue mi respuesta. Te vi morir en los años treinta y junto a ti una parte de mi alma – pensé mientras las manos finas y pequeñas limpiaban las lágrimas que me seguían brotando a borbotones.

- Le digo a abuelita que venga – guiñando el ojo izquierdo insinuó.

El silencio continuó. No necesito responder algo tan evidente para mí. La he llegado a amar, pero no tanto como a ti. Un dulce ósculo terminó por cerrar las rendijas del recuerdo y en el buró de la habitación me esperaba una dosis de somníferos para poder calmar el temblor de mis manos y tratar de dormir unas cuantas horas más.

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