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Himno a la Flor

Nýcolas

Poeta asiduo al portal
Sea el radiante secreto de la Belleza en tus pupilas,
laureada por perfumada corona expulsada del Edén,
¡Oh, dioses!, ¿cómo puedo yo describir todo lo que veo,
más que apenas un vislumbre a las palabras traer
del infinito sol pálido que alumbra cual la luna
en los abismos más terribles y duplica la luz del día
en los días más fulgentes? ¡Luz, luz, luz!...

¡Oh, bellas musas del Olimpo aunque sea un susurro nimio
a mis oídos para comunicar a los mortales aquello indescriptible!

Sin embargo, a la ocre y morada luz en búnker de la urbe
exprésome entre estrellas en esfuerzo magno,
¡pues cuán difícil a tierra traer es la inmaculada belleza mística
de una grácil y luminosa flor mil veces más hermosa
que todas las diosas y musas juntas, que extasiadas cantan
en el cielo, mientras que ella en silencio canta por las noches!

¿Cómo no derramar un cometa en cada verso?
Espíritu divino el sutil suspiro del Alma,
ante la mirada de una diosa que es más que una diosa,
ante la mirada de una musa que es más que una musa;
Labios de Afrodita en del Eros su calidez
y magnánimo tacto apacible unívoco y universal,
relativos al cuadro del Cosmos, multicolor cual la sensación
del Universo al momento del Génesis; suntuosos y delicados
latidos que resuenan en la bóveda celeste, tan cálidos
y henchidos en júbilo Amor sacro, inmortales,
oídos hasta más allá de lo Eterno, detrás de lo Absoluto:
más allá del Tao.

Inevitable resonancia áurea ahíta de ecos centelleantes,
divina chica fuente de los deseos más divinos; la inefable.

Vanas lágrimas derramo hoy en las redes del tiempo
sin embargo contigo aunque en la distancia aquí estoy.

Y el sol sale todos los días, y dentro de unos días veré el sol.
Luego vendrá la noche, y durante unos días viviré en la noche,
hasta que los pálidos rayos de la Bella a mi ánima alumbren,
cual la esfera de nieve nocturna a las errantes.

Vanas lágrimas derramo hoy en las redes del tiempo
sin embargo contigo aunque en la distancia allí voy.

Inevitable resonancia áurea ahíta de ecos centelleantes,
divina chica fuente de los deseos más divinos; la inefable.

Oh querida, amada por los mortales y no mortales, estimada
por todos, anhelada por los varios caminos, a paso rutilante
hipnotizas involuntariamente a tus pares y al son de tus
palabras a ellos inmovilizas, no menos pétreos por tu mirar;
Oh bonita, ¿eres acaso consciente del perenne vestigio
que en la mente de los vivos dejas?, insondable huella
en la humana psiquis; ni yo asesinando a Mnemea
borraría tu recuerdo del mundo, ¡ars longa vita floris!

¡Gracia a ti, mi fiel Calíope por permitirme dar a luz a estas líneas!
Sobrio de cuerpo y ebrio de Ánimus ante tanta fémina hermosura
esta macra obra por tal razón compongo, navegando perdido
en los azules océanos de la melancolía y la nostalgia,
cual la bruma entre la luz y las aguas, ¡sea a su voluntad!

Oh mujer delgada cual un tallo de lemurios jardines,
¿es tu aliento el refulgir múltiple del arco iris
que de las hilarantes cascadas nace cual el amor
en la fuente de la vida?, vivaces sean los ojos que te contemplen
y los oídos que te escuchen, la mano que te palpe
y el olfato que te huela, oh, flor, ¡qué la suave mano
a tu leve cabecita acaricie y mil eternas maldiciones
a la vil mano que te arranque! Que tus raíces pertenecen
a la tierra y tu sagrado perfume al firmamento.

Fogoso genio perlado por la brizna, airoso invierno
en armonía con el ser, ligera lluvia en equilibrio con la muerte,
la sombra de la vida en los hilos de las Moiras;
sellado pacto cual bíblica escritura y magia hebrea
este para ti escrito poema, evidencia efímera et perennis
(Estrella Fugaz del Uni-Verso) bajo la justa vista de la magna,
melodía en los papiros de la historia, ¡hágase a tu voluntad,
Oh, Clío, respetada y venerable jueza de los tiempos!

¡Y ay Erato que sin ti sería la mitológica relación sobre la Tierra!
Engendradora de la eufonía acorde entre dos notas:
peculiar sonido que a la luz del cosmos ilustra.
Sean entre el silente de los ojos mil palabras que subyacen
lo sabido, cadencia inexpresable al unísono del corazón,
y ninguna letra a los ojos de terceros.

Aún perdida entre los sabios árboles, silenciosos antiguos
del bosque inescrutable, yo, con mis oídos afinados al sonido
de tu harmonioso latir, y mi olfato en consonancia con tu aroma,
encontraríate hasta en las entrañas más profundas,
tú lo sabes, ¡y que lo sepan los dioses y las musas!

¡Oh, estimadas! ¡Gracias a Polimnia y Urania por permitirme
vehículo ser de sus azures divinos fuegos!, y así expresar
la euritmia tenue de los vientos de mi corazón, elevando
su canto hasta las nubes por la apolínea y dionisíaca bellezza
de su Ser.

Y a continuación tácita de semejante composición,
bajo del silencio su ilusión a Baco invoco para festejar
hasta el delirio y beber hasta el cansancio, junto al Fuego,
consecuencia ardiente del sacrificio Prometéico en las llamas
del placer y en esférica danza a auléticos ritmos a la par
del singular baile en la fogata, ¡con las agraciadas y agradables!
Terpsícore y Talía, ¡iluminen nuestras almas en la festividad!
 
Nýkolas:
¿Es real? Ya ni me importa cuestionarme que es la realidad o la fantasía, creo que finalmente son lo mismo. Estas líneas... me estremecieron, yo soy mar incontenible. Mi alma se evapora ya mismo. Miré de pie, frente a mí la imagen amada, e imaginé que estas líneas eran nacidas de su corazón para mí, ¿sabe lo que significa eso?, no creo no, nadie puede saberlo. Pero yo sé que no lo son, que la realidad es otra y que vivo en otra dimensión.

¡pues cuán difícil a tierra traer es la inmaculada belleza mística
de una grácil y luminosa flor mil veces más hermosa
que todas las diosas y musas juntas, que extasiadas cantan
en el cielo, mientras que ella en silencio canta por las noches!

¿Cómo no derramar un cometa en cada verso?
Espíritu divino el sutil suspiro del Alma,
ante la mirada de una diosa que es más que una diosa,
ante la mirada de una musa que es más que una musa;

Y el sol sale todos los días, y dentro de unos días veré el sol.
Luego vendrá la noche, y durante unos días viviré en la noche,
hasta que los pálidos rayos de la Bella a mi ánima alumbren,
cual la esfera de nieve nocturna a las errantes.

Vanas lágrimas derramo hoy en las redes del tiempo
sin embargo contigo aunque en la distancia allí voy.

Inevitable resonancia áurea ahíta de ecos centelleantes,
divina chica fuente de los deseos más divinos; la inefable.



Gracias por compartir la magia de sus letras, a través de la inmensidad del mar, sigo leyendo maravillas. Abrazos y besos desde acá ♥


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Última edición:
Es, sin duda alguna, real. ¿Sabes?, hace un buen tiempo he escrito unas prosas bastante inocentes, es decir, no muy bien articuladas sintácticamente pues en aquel momento no poseía el suficiente conocimiento, como ahora, que aunque un poco más no deja de ser insuficiente; sobre la realidad y la fantasía. Mi tesis poética era (es): todo es fantasía. La Realidad es Fantasía.
¡A vuestra salud!
 
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