Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Pienso cuando se debe pensar, y no pienso.
Pienso en el tiempo que recurre el pensamiento;
Veo luminosos estallidos de dolor de cabeza,
arrastrar el pensamiento es, a veces, pasajero como un ancla,
que al caer, tiritan las arenas como momias más que vivas,
Y vuelvo a pensar, y me pregunto,
por qué algunas cosas se piensan.
No siempre pienso conjugado, en orden, irascible:
patean vibraciones ruidosas, como sonido melódico y ordenado,
lo curioso es que no son ordenados ni melódicos,
son granos disecados en la arena tostada,
piedras aljibes y negras como dureza,
son, verdaderamente, pensamientos
y nuevamente dolores de cabeza.
Luego, al cruzar la caliente y tostada arena,
en otro día/ocasión, canta el pasto fructífero y afable,
con su orden melódico/infinito, floreciente como rosa.
Él decide besarme y hacerme el amor cuando varado
obstruyen damiselas y vidas por mi frente, mi camino.
¡Y cómo! Cómo cesar su fuente de agua amante,
cómo obstruyen (ni damiselas, ni vidas) hacedores
del mal pensamiento y obstinados del desamor,
cómo inclino la vertiente de las aguas para que no mojen,
no sé si pensar en ello ocasione una nausea de la esencia
(mi esencia), esta que es la respuesta al cómo antes expuesto,
Y que convocar (la incógnita), de nuevo,
estaría matándome dos veces.
Ahora pienso, –qué rareza- cuál fue el motivo de escribir
estas letras bien pensadas, organizadas y melódicas,
no sé qué idiotez sucumbe la antropófaga exploradora
del discernimiento (mi pensamiento), para así cuestionar
la hermosísima obra del pensar.
Pienso en labios, ojos cristalinos, toda una boca.
Pienso en manos, casi suaves, curvas, casi dulces.
Senos, empinados, cerdas, coloridas y tiernas.
Hermoso, qué hermoso es el pozo de la musa solemne y clara,
qué puro es despertar pensando en todo lo bueno, o lo malo,
qué grato es sentir mis dedos y mis ojos escribiendo
y viendo/leyendo los versos ya saturados de lo mismo.
Toda una obra de arte (aunque nos falten muchas horas) es pensar;
Pensar en todo lo bueno y malo, alimentarse del hambre de sar-pen,
perdón, de pensar. Y así nunca exponer la menta, hoyosa y caritativa,
en la palma del desamor, arrugada impureza,
entonada naturaleza de los cuerpos sudoríficos y planos.
El querer es pensar o poder, en cuanto quiero, ahora mismo,
dejar de pensar o sentir, de ver lo que siento, de mostrarles
lo que siento, sin que el paso me mate a tiempo, sobre el
intento de sentir, pensar, besar, acariciar y obrar sobre todo lo dicho.
Cantar es vivencia, entonces, el que compone un buen tema construye
un pedazo de vida u esperanza, podemos cantar a deshoras,
en cualquier lugar/ocasión y será un instante de vida o resurrección,
un paso al siguiente paso, un beso por otro beso, una caricia por un sentir,
y pensaremos, de algún modo, que todo en cuanto se elabora/piensa
con amor es futura belleza del ánima sublevada a la más grande sutileza.
Lo que dicen estas palabras, es que el pensar apasionadamente
se obra y se resulta en uno mismo como satisfacción
del mundo/ nuestro mundo/ nuestra esencia/ nuestro ser.
Es tan maravilloso ver al pensamiento cuando se marcha,
y su hora de dormir regresa para con otro escalón, otra travesía,
otra desventura/aventura, se acaba él mismo, y se goza en su prosa,
y se nace: como un himno que yace en la memoria de las cosas.
Pienso en el tiempo que recurre el pensamiento;
Veo luminosos estallidos de dolor de cabeza,
arrastrar el pensamiento es, a veces, pasajero como un ancla,
que al caer, tiritan las arenas como momias más que vivas,
Y vuelvo a pensar, y me pregunto,
por qué algunas cosas se piensan.
No siempre pienso conjugado, en orden, irascible:
patean vibraciones ruidosas, como sonido melódico y ordenado,
lo curioso es que no son ordenados ni melódicos,
son granos disecados en la arena tostada,
piedras aljibes y negras como dureza,
son, verdaderamente, pensamientos
y nuevamente dolores de cabeza.
Luego, al cruzar la caliente y tostada arena,
en otro día/ocasión, canta el pasto fructífero y afable,
con su orden melódico/infinito, floreciente como rosa.
Él decide besarme y hacerme el amor cuando varado
obstruyen damiselas y vidas por mi frente, mi camino.
¡Y cómo! Cómo cesar su fuente de agua amante,
cómo obstruyen (ni damiselas, ni vidas) hacedores
del mal pensamiento y obstinados del desamor,
cómo inclino la vertiente de las aguas para que no mojen,
no sé si pensar en ello ocasione una nausea de la esencia
(mi esencia), esta que es la respuesta al cómo antes expuesto,
Y que convocar (la incógnita), de nuevo,
estaría matándome dos veces.
Ahora pienso, –qué rareza- cuál fue el motivo de escribir
estas letras bien pensadas, organizadas y melódicas,
no sé qué idiotez sucumbe la antropófaga exploradora
del discernimiento (mi pensamiento), para así cuestionar
la hermosísima obra del pensar.
Pienso en labios, ojos cristalinos, toda una boca.
Pienso en manos, casi suaves, curvas, casi dulces.
Senos, empinados, cerdas, coloridas y tiernas.
Hermoso, qué hermoso es el pozo de la musa solemne y clara,
qué puro es despertar pensando en todo lo bueno, o lo malo,
qué grato es sentir mis dedos y mis ojos escribiendo
y viendo/leyendo los versos ya saturados de lo mismo.
Toda una obra de arte (aunque nos falten muchas horas) es pensar;
Pensar en todo lo bueno y malo, alimentarse del hambre de sar-pen,
perdón, de pensar. Y así nunca exponer la menta, hoyosa y caritativa,
en la palma del desamor, arrugada impureza,
entonada naturaleza de los cuerpos sudoríficos y planos.
El querer es pensar o poder, en cuanto quiero, ahora mismo,
dejar de pensar o sentir, de ver lo que siento, de mostrarles
lo que siento, sin que el paso me mate a tiempo, sobre el
intento de sentir, pensar, besar, acariciar y obrar sobre todo lo dicho.
Cantar es vivencia, entonces, el que compone un buen tema construye
un pedazo de vida u esperanza, podemos cantar a deshoras,
en cualquier lugar/ocasión y será un instante de vida o resurrección,
un paso al siguiente paso, un beso por otro beso, una caricia por un sentir,
y pensaremos, de algún modo, que todo en cuanto se elabora/piensa
con amor es futura belleza del ánima sublevada a la más grande sutileza.
Lo que dicen estas palabras, es que el pensar apasionadamente
se obra y se resulta en uno mismo como satisfacción
del mundo/ nuestro mundo/ nuestra esencia/ nuestro ser.
Es tan maravilloso ver al pensamiento cuando se marcha,
y su hora de dormir regresa para con otro escalón, otra travesía,
otra desventura/aventura, se acaba él mismo, y se goza en su prosa,
y se nace: como un himno que yace en la memoria de las cosas.