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Hiperdiálogo acerca de una mujer que espera en un parque

ASTRO_MUERTO

Poeta fiel al portal

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HIPERDIÁLOGO ACERCA DE UNA MUJER QUE ESPERA EN UN PARQUE

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–Necesito una mujer
que espere por mí en el parque, ahora;
cuando ya faltan 10 minutos para que termine mi jornada
y se muere la tarde,
y todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras
y afuera el frío,
y la oficina a oscuras
y nadie espera,
y la oficina a oscuras,
y la oficina a oscuras –anótalo rápido, no sea que te pierdas en la inmensidad
y te lamentes: –necesito una mujer que espere,
ahora. –Pero estoy saliendo del trabajo, pero iré corriendo a casa ––táchalo,
queda mejor así: «el trabajo sale de mí; mi casa viene corriendo»,
nada más;
pero lo tacharás todavía,
porque no es suficiente,
porque además,
sabemos,
necesitas a alguien que te escuche,
no te conformas contigo a solas,
y la oficina a oscuras mientras que afuera el frío,
y la oficina a oscuras mientras que nadie espera,
y la oficina a oscuras: «el trabajo sale de mí;
el parque viene corriendo ––querrás decir,
–y trae,
a una mujer a bordo de una banca,
que mientras me espera
resuelve un sudoku o saca de su cartera un cubo de Rubik» –
a estas alturas, quizá,
recién estemos en condiciones de escribir el poema:

«¿TE IMAGINAS,
martillando nuestras voces
en un tablero negro como esta noche,
y mientras todo se cae a pedazos
allá afuera,
y convulsiona la tarde feneciendo en sombra,
se nos enciende una vela?
Tacharemos ciertos fragmentos
que serán sustituidos por otros,
y la oficina a oscuras,
y resucita la idea mientras que afuera el frío,
y nadie espera ? –No necesitamos que nadie nos espere.
Sólo son excusas para terminar hablando de un cubo –pero,
a propósito del cubo... –digo, mientras pienso en mi otra voz
y continúo –fusionaré todo todo todo en un mismo plano;
de esta manera, cuando la calzada se desplace a través de mis zapatos
y vea que se acerca el banco en el cual ella me espera,
la sorprenderé diciendo: “¿sabes lo que es un teseracto?”,
y todo seguirá cayéndose a pedazos,
la oficina a oscuras,
afuera el frío,
la tarde que sucumbe...
y podrá pensarse que escribo,
pero estoy azotando el piano –¿sabes?, tocas hermoso –señalará ella.
Dirá también que disfrutó resolviendo los sudokus,
que lo tuvo fácil,
o que durante los 12 minutos
que tardó su banco en viajar hasta mis pies,
hizo y deshizo el cubo
aproximadamente 7 veces –elemental, mi querido otro,
porque se trata de vértices y aristas,
giros y ejes, la sinapsis poderosa,
26 piezas en el caso de este cubo abecedario y una de aire
que es de hombre y de silencio, de corazón,
de gemido y de hastío,
uno mismo eligiendo en la infinita bruma
el giro más propicio que viniera a completar el cubo.
–Interesante analogía –me digo amigo mismo,
y volviéndome a ella,
me pronuncio: –Cristina, no sabes cuánto
me alegra el hecho de estarte escribiendo.
–Gracias por crearme, pues –contestará ella.
Eso no más.
Luego medirá que estoy guapo,
que tengo un aura encantador y un aire intelectual.
No le molestará que fume,
en lo absoluto,
sin embargo, habré olvidado los cigarrillos en mi escritorio
intencionalmente, para, por puro capricho,
mencionarlo más tarde en el poema.
De pronto la sorprenderé transformando su cartera en un ramo de flores artificiales.
Nada más.
–¿Por qué flores artificiales? –me preguntará
para darme la posibilidad de decir: “ya sabes,
no tomarás una vida para agasajar otra vida” –luego referirá que soy talentoso
para darme la chance de poetizar acerca del ego:
“Porque los animales también amaron,
pero nunca les vimos haciendo muñecos de barro,
jamás les vimos construir armas”,
por último, le diré que no existe,
y la destruiré,
como quien corrige un poema,
cuando ya faltan 3 minutos para que acabe mi jornada,
y se muere la tarde,
mientras todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras,
y muerta la idea,
mientras que afuera el frío
y nadie espera»
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Última edición:
Un buen escrito para reflexionar sobre poesía, prosa poética y prosa recortada. Un saludo cordial. Luis
 
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HIPERDIÁLOGO ACERCA DE UNA MUJER QUE ESPERA EN UN PARQUE

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–Necesito una mujer
que espere por mí en el parque, ahora;
cuando ya faltan 10 minutos para que termine mi jornada
y se muere la tarde,
y todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras
y afuera el frío,
y la oficina a oscuras
y nadie espera,
y la oficina a oscuras,
y la oficina a oscuras –anótalo rápido, no sea que te pierdas en la inmensidad
y te lamentes: –necesito una mujer que espere,
ahora. –Pero estoy saliendo del trabajo, pero iré corriendo a casa ––táchalo,
queda mejor así: «el trabajo sale de mí; mi casa viene corriendo»,
nada más;
pero lo tacharás todavía,
porque no es suficiente,
porque además,
sabemos,
necesitas a alguien que te escuche,
no te conformas contigo a solas,
y la oficina a oscuras mientras que afuera el frío,
y la oficina a oscuras mientras que nadie espera,
y la oficina a oscuras: «el trabajo sale de mí;
el parque viene corriendo ––querrás decir,
–y trae,
a una mujer a bordo de una banca,
que mientras me espera
resuelve un sudoku o saca de su cartera un cubo de Rubik» –
a estas alturas, quizá,
recién estemos en condiciones de escribir el poema:

«¿TE IMAGINAS,
martillando nuestras voces
en un tablero negro como esta noche,
y mientras todo se cae a pedazos
allá afuera,
y convulsiona la tarde feneciendo en sombra,
se nos enciende una vela?
Tacharemos ciertos fragmentos
que serán sustituidos por otros,
y la oficina a oscuras,
y resucita la idea mientras que afuera el frío,
y nadie espera ? –No necesitamos que nadie nos espere.
Sólo son excusas para terminar hablando de un cubo –pero,
a propósito del cubo... –digo, mientras pienso en mi otra voz
y continúo –fusionaré todo todo todo en un mismo plano;
de esta manera, cuando la calzada se desplace a través de mis zapatos
y vea que se acerca el banco en el cual ella me espera,
la sorprenderé diciendo: “¿sabes lo que es un teseracto?”,
y todo seguirá cayéndose a pedazos,
la oficina a oscuras,
afuera el frío,
la tarde que sucumbe...
y podrá pensarse que escribo,
pero estoy azotando el piano –¿sabes?, tocas hermoso –señalará ella.
Dirá también que disfrutó resolviendo los sudokus,
que lo tuvo fácil,
o que durante los 12 minutos
que tardó su banco en viajar hasta mis pies,
hizo y deshizo el cubo
aproximadamente 7 veces –elemental, mi querido otro,
porque se trata de vértices y aristas,
giros y ejes, la sinapsis poderosa,
26 piezas en el caso de este cubo abecedario y una de aire
que es de hombre y de silencio, de corazón,
de gemido y de hastío,
uno mismo eligiendo en la infinita bruma
el giro más propicio que viniera a completar el cubo.
–Interesante analogía –me digo amigo mismo,
y volviéndome a ella,
me pronuncio: –Cristina, no sabes cuánto
me alegra el hecho de estarte escribiendo.
–Gracias por crearme, pues –contestará ella.
Eso no más.
Luego medirá que estoy guapo,
que tengo un aura encantador y un aire intelectual.
No le molestará que fume,
en lo absoluto,
sin embargo, habré olvidado los cigarrillos en mi escritorio
intencionalmente, para, por puro capricho,
mencionarlo más tarde en el poema.
De pronto la sorprenderé transformando su cartera en un ramo de flores artificiales.
Nada más.
–¿Por qué flores artificiales? –me preguntará
para darme la posibilidad de decir: “ya sabes,
no tomarás una vida para agasajar otra vida” –luego referirá que soy talentoso
para darme la chance de poetizar acerca del ego:
“Porque los animales también amaron,
pero nunca les vimos haciendo muñecos de barro,
jamás les vimos construir armas”,
por último, le diré que no existe,
y la destruiré,
como quien corrige un poema,
cuando ya faltan 3 minutos para que acabe mi jornada,
y se muere la tarde,
mientras todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras,
y muerta la idea,
mientras que afuera el frío
y nadie espera»
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Otra entrega de lujo. Imágenes que saben a soledad.

Verdadero placer la lectura. Felicidades!

Saludos,

Palmira
 
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HIPERDIÁLOGO ACERCA DE UNA MUJER QUE ESPERA EN UN PARQUE

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–Necesito una mujer
que espere por mí en el parque, ahora;
cuando ya faltan 10 minutos para que termine mi jornada
y se muere la tarde,
y todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras
y afuera el frío,
y la oficina a oscuras
y nadie espera,
y la oficina a oscuras,
y la oficina a oscuras –anótalo rápido, no sea que te pierdas en la inmensidad
y te lamentes: –necesito una mujer que espere,
ahora. –Pero estoy saliendo del trabajo, pero iré corriendo a casa ––táchalo,
queda mejor así: «el trabajo sale de mí; mi casa viene corriendo»,
nada más;
pero lo tacharás todavía,
porque no es suficiente,
porque además,
sabemos,
necesitas a alguien que te escuche,
no te conformas contigo a solas,
y la oficina a oscuras mientras que afuera el frío,
y la oficina a oscuras mientras que nadie espera,
y la oficina a oscuras: «el trabajo sale de mí;
el parque viene corriendo ––querrás decir,
–y trae,
a una mujer a bordo de una banca,
que mientras me espera
resuelve un sudoku o saca de su cartera un cubo de Rubik» –
a estas alturas, quizá,
recién estemos en condiciones de escribir el poema:

«¿TE IMAGINAS,
martillando nuestras voces
en un tablero negro como esta noche,
y mientras todo se cae a pedazos
allá afuera,
y convulsiona la tarde feneciendo en sombra,
se nos enciende una vela?
Tacharemos ciertos fragmentos
que serán sustituidos por otros,
y la oficina a oscuras,
y resucita la idea mientras que afuera el frío,
y nadie espera ? –No necesitamos que nadie nos espere.
Sólo son excusas para terminar hablando de un cubo –pero,
a propósito del cubo... –digo, mientras pienso en mi otra voz
y continúo –fusionaré todo todo todo en un mismo plano;
de esta manera, cuando la calzada se desplace a través de mis zapatos
y vea que se acerca el banco en el cual ella me espera,
la sorprenderé diciendo: “¿sabes lo que es un teseracto?”,
y todo seguirá cayéndose a pedazos,
la oficina a oscuras,
afuera el frío,
la tarde que sucumbe...
y podrá pensarse que escribo,
pero estoy azotando el piano –¿sabes?, tocas hermoso –señalará ella.
Dirá también que disfrutó resolviendo los sudokus,
que lo tuvo fácil,
o que durante los 12 minutos
que tardó su banco en viajar hasta mis pies,
hizo y deshizo el cubo
aproximadamente 7 veces –elemental, mi querido otro,
porque se trata de vértices y aristas,
giros y ejes, la sinapsis poderosa,
26 piezas en el caso de este cubo abecedario y una de aire
que es de hombre y de silencio, de corazón,
de gemido y de hastío,
uno mismo eligiendo en la infinita bruma
el giro más propicio que viniera a completar el cubo.
–Interesante analogía –me digo amigo mismo,
y volviéndome a ella,
me pronuncio: –Cristina, no sabes cuánto
me alegra el hecho de estarte escribiendo.
–Gracias por crearme, pues –contestará ella.
Eso no más.
Luego medirá que estoy guapo,
que tengo un aura encantador y un aire intelectual.
No le molestará que fume,
en lo absoluto,
sin embargo, habré olvidado los cigarrillos en mi escritorio
intencionalmente, para, por puro capricho,
mencionarlo más tarde en el poema.
De pronto la sorprenderé transformando su cartera en un ramo de flores artificiales.
Nada más.
–¿Por qué flores artificiales? –me preguntará
para darme la posibilidad de decir: “ya sabes,
no tomarás una vida para agasajar otra vida” –luego referirá que soy talentoso
para darme la chance de poetizar acerca del ego:
“Porque los animales también amaron,
pero nunca les vimos haciendo muñecos de barro,
jamás les vimos construir armas”,
por último, le diré que no existe,
y la destruiré,
como quien corrige un poema,
cuando ya faltan 3 minutos para que acabe mi jornada,
y se muere la tarde,
mientras todo se cae a pedazos
alrededor de un tablero negro como la noche,
y la oficina a oscuras,
y muerta la idea,
mientras que afuera el frío
y nadie espera»
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Hay poetas en esta casa que merecen todos los premios
y una amplia antología para ellos solos.
Afortunadamente hoy, gracias a Palmira que la subió a la superficie,
puedo disfrutar esta joya. Enhorabuena.
Saludos compañero
 
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