Viten
Poeta fiel al portal
Dicen que una vez, en el oscuro bosque de las sombras, un ángel quemó sus alas para poder convertirse en demonio; nadie sabe cual fue la razón, es por ello que relataré su historia.
Hace muchos años el ángel bajó a la tierra mandado por su creador, su misión era destruir el alma de un ser humano que en un futuro muy próximo sería víctima de la tentación, destruiría la esencia misma de la creación, por sus pecados la humanidad sería condenada.
El ángel al pueblo llegó, al bar ingresó, mismo que detrás del bosque se encontraba, y en él encontró un ser de belleza incomparada; en él un sentimiento imperfecto nació, descubrió lo que era el amor.
La mujer era prostituta, alcohólica y drogadicta, todo un espécimen raro; llevaba zapatos de tacón alto, un escote alargado, perfume con olor a lirios y un peinado alborotado. El ángel escondió sus alas para aparentar ser humano, se acercó a la mujer y acarició su mano.
Esta, estupefacta por su belleza, acarició su rostro. Mirando hacia el suelo dijo su precio, el ángel movió la cabeza en señal de rechazo y ella regateó con él.
Con cada valor el mismo gesto se repetía y ella, con especial epifanía, tomó su rostro con sus dos manos y le dio un beso apasionado. El beso despertó al ángel pues conoció el sabor mundano de los sentimientos que se le ocultaron y guardaron en aquel árbol prohibido. La mujer lo condujo a su cuarto, al llegar se sacó la ropa ipso-facto.
Él ángel no articulaba palabra alguna, con su ojos notó la hermosura de aquella creación imperfecta.
Segundos pasaron y un fuerte ruido se escuchó, cuatros seres encapuchados arribaron al lugar y con cuatro espadas luminosas amenazaron sin piedad:
Humanos tontos y pecadores, por ahora no los vamos a juzgar. Su tono mostraba fuertes tintes de sarcasmo, mirando a la mujer y al ángel a su lado, apuntó su espada y dijo cabizbajo, Hermano ahora conoces el pecado, tu destino será el mismo que el del ser que no has condenado.
Pocos segundos bastaron para que uno de los tres seres se lanzara sin piedad hacia el ángel y el humano; de un momento a otro, el ser que permanecía callado, desplegó sus alas empuñando su tizona, su velocidad era imperceptible ante cualquier ojo humano.
Como si el tiempo se detuviese se pudo notar el choque de las espadas, chispas, provocadas por la fricción, se desplegaban por todo el entorno mientras en la mirada del ángel, mismo que defendía al ser humano, se notaba furia, sentimiento ajeno a su naturaleza.
Un gruñido se escuchó y el ángel encolerizó, blandiendo su espada atacó a su hermano, este se defendió girando fuertemente abriendo sus largas alas y volando de repente, a los cielos dirigió la batalla.
Con bruscos choques, mismos sonaban como truenos, el ángel, colérico, mostraba todo su poder, pocos segundos pasaron y una luz brilló de repente, la batalla había culminado.
Un ángel cayó chocando fuertemente contra el suelo. En los aires vivía su hermano, enojado aún por lo que él creía era una injusticia. Volcó sus ojos a su diestra y contempló el cuerpo de su amada descuartizado, tres espadas vibraban llenas de sangre y carne.
Aquí tienes a tu amada. Dijo el ser que ordenó la pelea, Tus sentimientos profanos te han hecho imperfecto. miró nuevamente al cielo Señor, ¿qué hacer con este insurrecto?
Yo ya lo he perdonado y a su hermano he recuperado, regresen a su hogar pues su misión ha terminado.
¿Por qué me enviaste si sabías que todo esto iba a ocurrir? Preguntó el ángel aún encolerizado.
Porque ustedes son libres de decidir. Cuando regreses a tu morada todo habrás olvidado, incluso aquellos sentimientos mundanos, serás nuevamente aquél que eras antes de conocerlas, ella ahora descansa donde debe, por condenar a gente buena a ser lo que no se puede.
Los demás ángeles cargaron a su hermano caído en batalla, un solo vistazo echaron a aquel ángel encolerizado, dibujaron una sonrisa y el sarcástico dijo: Te esperamos hermano. entonces volaron hacia el infinito.
El ángel corrió hacia el bosque de las sombras. Quiero ayuda. Gritó y Dios lo escuchó.
¿Por qué no has vuelto con tus hermanos? Preguntó.
Porque no quiero abandonar estos sentimientos mundanos, iré tras ella aunque me toque desafiarte y la traeré de regreso aunque eso implique matarte.
Te estoy dando otra oportunidad y la estás rechazando.
No me sirve de nada las oportunidades, pues descubrí que no vale ser algo, sin ella no quiero nada.
Aún así no te condenaré.
¿Qué tengo que hacer?
Si lo que quieres es seguirla entonces arranca y quema tus alas.
Y así lo hizo por amor. Con su espada, a trozos, las arrancó; por primera vez sintió dolor, por primera vez lloró. Entonces las quemó y en el humo se hizo visible el infierno, en él ingresó y allí la encontró, sufriendo y llorando una condena que él consideraba injusta, y por la eternidad la acompañó. Ahora es un demonio hecho por el amor.
Hace muchos años el ángel bajó a la tierra mandado por su creador, su misión era destruir el alma de un ser humano que en un futuro muy próximo sería víctima de la tentación, destruiría la esencia misma de la creación, por sus pecados la humanidad sería condenada.
El ángel al pueblo llegó, al bar ingresó, mismo que detrás del bosque se encontraba, y en él encontró un ser de belleza incomparada; en él un sentimiento imperfecto nació, descubrió lo que era el amor.
La mujer era prostituta, alcohólica y drogadicta, todo un espécimen raro; llevaba zapatos de tacón alto, un escote alargado, perfume con olor a lirios y un peinado alborotado. El ángel escondió sus alas para aparentar ser humano, se acercó a la mujer y acarició su mano.
Esta, estupefacta por su belleza, acarició su rostro. Mirando hacia el suelo dijo su precio, el ángel movió la cabeza en señal de rechazo y ella regateó con él.
Con cada valor el mismo gesto se repetía y ella, con especial epifanía, tomó su rostro con sus dos manos y le dio un beso apasionado. El beso despertó al ángel pues conoció el sabor mundano de los sentimientos que se le ocultaron y guardaron en aquel árbol prohibido. La mujer lo condujo a su cuarto, al llegar se sacó la ropa ipso-facto.
Él ángel no articulaba palabra alguna, con su ojos notó la hermosura de aquella creación imperfecta.
Segundos pasaron y un fuerte ruido se escuchó, cuatros seres encapuchados arribaron al lugar y con cuatro espadas luminosas amenazaron sin piedad:
Humanos tontos y pecadores, por ahora no los vamos a juzgar. Su tono mostraba fuertes tintes de sarcasmo, mirando a la mujer y al ángel a su lado, apuntó su espada y dijo cabizbajo, Hermano ahora conoces el pecado, tu destino será el mismo que el del ser que no has condenado.
Pocos segundos bastaron para que uno de los tres seres se lanzara sin piedad hacia el ángel y el humano; de un momento a otro, el ser que permanecía callado, desplegó sus alas empuñando su tizona, su velocidad era imperceptible ante cualquier ojo humano.
Como si el tiempo se detuviese se pudo notar el choque de las espadas, chispas, provocadas por la fricción, se desplegaban por todo el entorno mientras en la mirada del ángel, mismo que defendía al ser humano, se notaba furia, sentimiento ajeno a su naturaleza.
Un gruñido se escuchó y el ángel encolerizó, blandiendo su espada atacó a su hermano, este se defendió girando fuertemente abriendo sus largas alas y volando de repente, a los cielos dirigió la batalla.
Con bruscos choques, mismos sonaban como truenos, el ángel, colérico, mostraba todo su poder, pocos segundos pasaron y una luz brilló de repente, la batalla había culminado.
Un ángel cayó chocando fuertemente contra el suelo. En los aires vivía su hermano, enojado aún por lo que él creía era una injusticia. Volcó sus ojos a su diestra y contempló el cuerpo de su amada descuartizado, tres espadas vibraban llenas de sangre y carne.
Aquí tienes a tu amada. Dijo el ser que ordenó la pelea, Tus sentimientos profanos te han hecho imperfecto. miró nuevamente al cielo Señor, ¿qué hacer con este insurrecto?
Yo ya lo he perdonado y a su hermano he recuperado, regresen a su hogar pues su misión ha terminado.
¿Por qué me enviaste si sabías que todo esto iba a ocurrir? Preguntó el ángel aún encolerizado.
Porque ustedes son libres de decidir. Cuando regreses a tu morada todo habrás olvidado, incluso aquellos sentimientos mundanos, serás nuevamente aquél que eras antes de conocerlas, ella ahora descansa donde debe, por condenar a gente buena a ser lo que no se puede.
Los demás ángeles cargaron a su hermano caído en batalla, un solo vistazo echaron a aquel ángel encolerizado, dibujaron una sonrisa y el sarcástico dijo: Te esperamos hermano. entonces volaron hacia el infinito.
El ángel corrió hacia el bosque de las sombras. Quiero ayuda. Gritó y Dios lo escuchó.
¿Por qué no has vuelto con tus hermanos? Preguntó.
Porque no quiero abandonar estos sentimientos mundanos, iré tras ella aunque me toque desafiarte y la traeré de regreso aunque eso implique matarte.
Te estoy dando otra oportunidad y la estás rechazando.
No me sirve de nada las oportunidades, pues descubrí que no vale ser algo, sin ella no quiero nada.
Aún así no te condenaré.
¿Qué tengo que hacer?
Si lo que quieres es seguirla entonces arranca y quema tus alas.
Y así lo hizo por amor. Con su espada, a trozos, las arrancó; por primera vez sintió dolor, por primera vez lloró. Entonces las quemó y en el humo se hizo visible el infierno, en él ingresó y allí la encontró, sufriendo y llorando una condena que él consideraba injusta, y por la eternidad la acompañó. Ahora es un demonio hecho por el amor.