prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estábamos caminando brazo a brazo en el jardín;
no te conocía, pero tus pequeños zapatos
con tacones
dejaban huecos en la tierra donde, un año más tarde,
hemos sembrado las semillas del futuro.
Hubiera estado contigo en el agua
lleno de tiburones de tus pesadillas mas grotescas
para que nos sea mezclada la sangre,
como te decía cuando te despertabas
y no sé porqué, solo no quiero morir.
No enfrentas la eternidad tirándote en un precipicio
sino meditando a su borde.
Eso hago, intento no querer a alguien que intenta olvidarme
sin conseguirlo
y sé que tú eres mi temor de ser, cuando soy.
Me da miedo quererme porque me da miedo ser querido.
La boca de la duda muerde el aire
antes de entrar en mis pulmones.
No sé si quiero vivir tampoco,
respiro lo mínimo.
Una flor de esas inmensas, como las de las selvas de Brasil
es nuestro amor
y dudo que sepas doblarle el tallo sin romperlo,
acercarlo a mi nariz para hacerme respirar de nuevo,
respirar y creer.
Una flor de esas que no quiso florecer
sino regada por el silencio que hay entre
nuestras creencias y signos divinos,
una flor que nunca tendrá un niño nuestro
libre de pecado que la oliera
y nos contara del perfume, del sabor mío y tuyo
amándonos más de lo que pudimos estar juntos.
no te conocía, pero tus pequeños zapatos
con tacones
dejaban huecos en la tierra donde, un año más tarde,
hemos sembrado las semillas del futuro.
Hubiera estado contigo en el agua
lleno de tiburones de tus pesadillas mas grotescas
para que nos sea mezclada la sangre,
como te decía cuando te despertabas
y no sé porqué, solo no quiero morir.
No enfrentas la eternidad tirándote en un precipicio
sino meditando a su borde.
Eso hago, intento no querer a alguien que intenta olvidarme
sin conseguirlo
y sé que tú eres mi temor de ser, cuando soy.
Me da miedo quererme porque me da miedo ser querido.
La boca de la duda muerde el aire
antes de entrar en mis pulmones.
No sé si quiero vivir tampoco,
respiro lo mínimo.
Una flor de esas inmensas, como las de las selvas de Brasil
es nuestro amor
y dudo que sepas doblarle el tallo sin romperlo,
acercarlo a mi nariz para hacerme respirar de nuevo,
respirar y creer.
Una flor de esas que no quiso florecer
sino regada por el silencio que hay entre
nuestras creencias y signos divinos,
una flor que nunca tendrá un niño nuestro
libre de pecado que la oliera
y nos contara del perfume, del sabor mío y tuyo
amándonos más de lo que pudimos estar juntos.
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