Kay Black
Poeta recién llegado
Era un día como otro cualquiera, pero ocurrió algo inusual que por desgracia últimamente pasaba.
En un tablero de ajedrez un peón, creyéndose que el no se merecía ser peón si no torre se comporto como tal.
Paso entonces que el peón dejo de ejercer su función y misión como tal y arrogantemente iba moviéndose por las casillas del tablero de forma igual a la de la torre, diciéndose a si misma y al resto de fichas del tablero:
-Miradme, antes me movía como peón, pero ahora soy torre y soy imparable, tanto que matare al rey yo mismo.
Y sucedió que en uno de sus movimientos descarados, creyéndose intocable le fue arrebatada la vida por un peón contrario que la comió y mato.
Este mirando el cuerpo del peón engreído e iluso que se creía torre dijo:
-Ay de ti pobre iluso, que dejaste de ejercer tu función vital creyéndote que tu papel en este juego era otro. De ese modo sentenciaste tu muerte, pues eras inservible y simple escoria.
¡Mírate! Nunca debiste de dejar de ser tu, pues yo, un simple peón acabo de terminar con tu vida, cuando para ti el peón era una simple y débil ficha inútil.
Digo yo ahora pues... El tablero de ajedrez es el mundo, la partida la vida y las fichas nosotros.
Uno nunca debe de dejar de ser quien es por nada, pues cada uno desempeñamos un papel en esta vida, sea el que sea, y si no queremos admitir nuestra función en esta vida dejamos de ser útiles y nos transformamos en simple basura.
Nos transformamos en escoria que no merece ni la pena que siga con vida y a la que se le devolverá todo mal de forma equivalente a todo el papel que no quiso desempeñar.
En un tablero de ajedrez un peón, creyéndose que el no se merecía ser peón si no torre se comporto como tal.
Paso entonces que el peón dejo de ejercer su función y misión como tal y arrogantemente iba moviéndose por las casillas del tablero de forma igual a la de la torre, diciéndose a si misma y al resto de fichas del tablero:
-Miradme, antes me movía como peón, pero ahora soy torre y soy imparable, tanto que matare al rey yo mismo.
Y sucedió que en uno de sus movimientos descarados, creyéndose intocable le fue arrebatada la vida por un peón contrario que la comió y mato.
Este mirando el cuerpo del peón engreído e iluso que se creía torre dijo:
-Ay de ti pobre iluso, que dejaste de ejercer tu función vital creyéndote que tu papel en este juego era otro. De ese modo sentenciaste tu muerte, pues eras inservible y simple escoria.
¡Mírate! Nunca debiste de dejar de ser tu, pues yo, un simple peón acabo de terminar con tu vida, cuando para ti el peón era una simple y débil ficha inútil.
Digo yo ahora pues... El tablero de ajedrez es el mundo, la partida la vida y las fichas nosotros.
Uno nunca debe de dejar de ser quien es por nada, pues cada uno desempeñamos un papel en esta vida, sea el que sea, y si no queremos admitir nuestra función en esta vida dejamos de ser útiles y nos transformamos en simple basura.
Nos transformamos en escoria que no merece ni la pena que siga con vida y a la que se le devolverá todo mal de forma equivalente a todo el papel que no quiso desempeñar.