Josimar Moran
Poeta fiel al portal
Comentario:
Bello es el cantar al amor profundo,
cuan triste es llorar por uno perdido.
Así habemos seres en este mundo
vivimos por un recuerdo querido.
Pasaron los años y todavía
en mi ser la huella de un amor perdura.
Para olvidarlo a Dios consagraría
mi alma, mi ser. ¡Amor fuerza tan dura!.
PARTE PRIMERA
I
La vida empieza para él ¡quién diría!
El sello del dolor trae marcado,
su preciado amor luego perdería
por la culpa de estar enamorado.
Amó tanto a una joven muy bella,
le dio sin pensar cuanto poseía.
A la mujer de sus sueños vio en ella
y sin dudar a ella se entregaría.
Sin su amada no encontraba sosiego,
y con ella hallaba felicidad;
mas ella lo tenía como un juego
sin que él sospechara su falsedad.
Pero no duró tanto aquel engaño
y un día hizo la suerte o el destino
que la encontrara en brazos de un extraño.
Y así tomó su vida otro camino . . .
I I
Luego para olvidarla, en Dios buscó
su refugio, su ayuda y su perdón.
El seminario ahora es su mansión,
la vida sagrada el amor que ansió.
Su alma aún no encuentra tranquilidad,
un constante debate entre el amor
y su fe se libra, mas el candor
de su edad le aleja la santidad.
Y aunque contra la tentación batalla,
es la oración su arma más eficaz;
pero aún así su vocación no halla
y lucha y sufre y no obtiene la paz.
I I I
Han pasado dos años de martirio,
años de suplicio, de fe ferviente,
de no ver la que fuera su delirio
y que aún no ha salido de su mente.
Cuantas veces en sus rezos veía
a la mujer que lo había engañado,
y aunque el desprecio por ella crecía
también renacía el amor pasado.
Sus oraciones a prisa rezaba,
toda su alma el temor estremecía
en mente una idea loca pasaba
y sentía que su fe decaía
luchaba sin fuerzas, casi rendido
al amor de la mujer se encontraba,
a Dios rogaba, no oía el pedido.
Desamparado al amor quedaba.
Y así para elegir Dios le brindaba
una oportunidad definitiva:
Busca la mujer que tu alma cautiva
o déjala para siempre olvidada.
En el umbral que separa lo humano
y lo divino, el joven ya se encuentra,
a un lado la mujer tiende la mano
al otro Dios que le susurra dentra,
la decisión es dura, vacilante
el joven no sabe cual el camino
a tomar, a Dios un paso adelante
da y ha preferido el amor divino. .
I V
Y del mundo para siempre se aleja,
su santificación en el olvido
busca. No sabe quizá lo que deja
tampoco comprende que ha elegido.
V
Su actitud serena, su fe profunda
lo convierte en un noble y santo hombre,
el gozo de Dios su alma y ser inunda
mas no olvida de aquella ni su nombre.
Poco a poco, su cometido alcanza,
la vida sagrada le da alegría
y sin vacilar hacia Dios avanza. . .
Muy pronto los hábitos tomaría.
PARTE SEGUNDA
I
Lejos del mundo, allá a un solitario
pueblito, un joven cura ha sido enviado;
pretende hacer para Dios un santuario
y una tumba para su amor pasado.
Clava su mirada al cielo, llorando,
como pidiéndole a Dios un consuelo
y dejar seguir en ella pensando
pues servir a su Señor es su anhelo.
I I
Emprende con fe su noble tarea,
palabras dulces y sabios consejos
a todos convierten y a Dios bendicen
con fervor, sean jóvenes o viejos.
En poco tiempo ya todo ha cambiado,
la gente le respeta como un santo
a Dios alaban por haberlo enviado;
es el profeta que anhelaban tanto.
I I I
Muchos años pasaron, dichoso era,
el cielo parecía asegurado.
Había encontrado la paz verdadera,
la que nace cuando se ha olvidado . . .