debiloto
Poeta adicto al portal
Escucho historias de los que llegaron,
contando verdades y mentiras,
me hablan de mundo y de cosas vanas,
sabrá mi mente poder acoger.
algunos otros hablan de partidas,
en busca de un cambio en el más allá,
pocos son mansos, de ambiguas medidas,
son los que se quedan mirando pasar.
el mundo es tan grande,
que de un mapa cae, la majestuosidad,
pero no es lo mismo el olor a estiércol,
de mi humilde pueblo, a la gran ciudad.
Bajo del alero de mi humilde estancia,
en cada mañana, canta un ruiseñor,
y por lo que cuentan los más avezados,
en la ciudad extraña perfumes y flor,
ni hablar de los cantos de mi ruiseñor.
De puertas abiertas, vive mi morada,
ventanas tornadas, ante el resplandor,
algún perro ladra, otro más allá,
la siesta es sagrada, cubierto de sombra,
de la verde mora, alguna bandada,
de loros procaces se asientan en ramas,
es todo alboroto, pero no es el ruido de la gran ciudad.
Vayan busquen mundo, renieguen del pueblo,
que cuando los años les duelan los huesos,
volverán contando que todo era muy bello,
pero que su vida no se fue de acá,
vanas las razones contaran de a uno,
más que los caprichos, de una vida digna,
lo que habrán perdido, en todos estos años,
fue lo más sencillo perdieron la paz.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
contando verdades y mentiras,
me hablan de mundo y de cosas vanas,
sabrá mi mente poder acoger.
algunos otros hablan de partidas,
en busca de un cambio en el más allá,
pocos son mansos, de ambiguas medidas,
son los que se quedan mirando pasar.
el mundo es tan grande,
que de un mapa cae, la majestuosidad,
pero no es lo mismo el olor a estiércol,
de mi humilde pueblo, a la gran ciudad.
Bajo del alero de mi humilde estancia,
en cada mañana, canta un ruiseñor,
y por lo que cuentan los más avezados,
en la ciudad extraña perfumes y flor,
ni hablar de los cantos de mi ruiseñor.
De puertas abiertas, vive mi morada,
ventanas tornadas, ante el resplandor,
algún perro ladra, otro más allá,
la siesta es sagrada, cubierto de sombra,
de la verde mora, alguna bandada,
de loros procaces se asientan en ramas,
es todo alboroto, pero no es el ruido de la gran ciudad.
Vayan busquen mundo, renieguen del pueblo,
que cuando los años les duelan los huesos,
volverán contando que todo era muy bello,
pero que su vida no se fue de acá,
vanas las razones contaran de a uno,
más que los caprichos, de una vida digna,
lo que habrán perdido, en todos estos años,
fue lo más sencillo perdieron la paz.
JUAN CARLOS VILLANUEVA