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Historias de mundo profundo iii

Raul a q

Poeta recién llegado
Sorana noto su propia espada en el cuello. Oyó una voz que le dijo:
--Te he estado buscando por todo lados, ¿sabes?
Se giro despacio, la voz le resultaba familiar. Delante de ella estaba Hormel, de pie con su propia falcata en la mano y con cara de pocos amigos.
Ella sonrió y le invito a sentarse en su mesa, el se sentó y se sirvió una jarra de vino.
--Tienes algo que es mío, ¿Dónde esta mi mapa? sabes que me pertenece-- Dijo Hormel mientras se llevaba la jarra a la boca.
Sorana clavo sus ojos azules en los negros de Hormel.
--Deberías de tener cuidado cuando te acuestes con alguien que casi no conoces, no todas las personas son buenas--le contesto ella, --ahora el mapa es mío y la piedra también será mía, no me gustaría tener que matarte, me caes bien.
Mientras discutían, un hombre corpulento se acerco a ellos y apoyándose en la mesa le dijo a Sorana:
--Rubia ¿Por qué no dejas a este despojo humano y te vienes conmigo y mis cuatro amigos a nuestra mesa? Nosotros te daremos lo que te hace falta, bonita.
Ella le sonrío, que cojio la mano, con un rápido movimiento le rompió la muñeca haciéndole caer al suelo y antes de que pudiese levantarse le dio un rodillazo en la cara que la dejo tumbado.
Los compañeros de mesa que lo habían visto todo, se levantaron y fueron a por la chica. Agarro su falcata, se puso en posición de defensa y miro a Hormel.--No me piensas ayudar-- le grito mientras comenzaba a luchar contra el primero.
Hormel seguía sentado, apurando su vino y viendo la pelea con cara divertida.
Sorana metió un palmo de falcata en el pecho de su contrincante y le empujo contra los otros haciéndoles caer al suelo, el resto de personas de la posada se empezaron a reír haciendo enfurecer aun mas a los dos hombres que se abalanzaron sobre ella con mas fuerza, hizo un movimiento y esquivo a uno de ellos quedando detrás de ella, el otro hombre intento clavarla su daga pero ella se agacho y clavo su espada en su estomago dejándole con las tripas fuera y cayendo para atrás.
El ultimo hombre levanto su cimitarra para asestarla un golpe en la cabeza, pero Hormel saco su espada y le atravesó las costillas mientras seguía bebiendo de su jarra.
Sorana se sentó de nuevo en la mesa y pidieron comida, trajeron un cochinillo y dieron buena cuenta de el.
Después de comer y de mucho beber se fueron a dormir juntos, Baco se apodero de sus almas y pronto quedaron dormidos.
Continuara continuando.


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