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Hodierna Perséfone

***QueeN Ginevra***

Poeta adicto al portal
Hodierna Perséfone

Tiemblan mis manos al oír su voz pesada,
mi cuerpo padece de hipotermia al verle;
mis labios se separan, escucho su llamada,
mi piel se abre; parece a él pertenecerle.

Mis cabellos húmedos se pegan a mi espalda,
cierro sobre mis piernas los puños por alerta;
mis dientes castañean, el terror me escalda;
el corazón late sin ritmo, me mantiene despierta.

El halo de vapor que sale de mi boca roja
es tan efímero como en este momento mi razón;
le veo venir, le siento; me recorre la congoja.
Tengo miedo. ¡Que ya acabe su tétrica canción!

Su sombra se cuela por la puerta oscura y siniestra,
el ruido de sus botas negras invade el pasillo;
¿tomo mi daga y le doy de mi valentía muestra?,
mejor me levantó ligera y hecho el pestillo.

Me escondo bajo las sábanas y finjo dormida estar,
bajo la almohada mi daga espera silente y punzante.
Toca la puerta, quiere abrir y le oigo gruñir y protestar;
de una violenta patada tira la puerta y me mira sonriente.

“Despierta pequeña niña, que escribiste mi nombre,
despierta poeta silente de oscuridad y de amargura;
soy yo, oscuro mi figura, mi nombre; el hombre.
Soy la misma sombra que adora tu alma tan pura”.

Él apaga la luz pálida que ilumina la habitación,
me toma en sus brazos de acero, es frío su calor;
me levanta envuelta en sábanas y silba su canción.
Abre la ventana y sin soltarme salta sin temor.

Despierto en la cañada, rodeada de verde sin luz.
Este campo Elíseo, el rincón de su negro corazón;
su palacio, el mismo infierno y mira mis ojos ahí.
“Amada mía quédate conmigo, del infierno ilusión”.

Aunque mis lágrimas lo nieguen yo también le amo,
es mi lado oscuro, nieve de invierno de fuego;
oscuridad de mi luz, y yo la luz de su oscuridad;
somos necesarios, pues la vida es dualidad.

Me acerco hasta sus brazos de esqueleto;
me toma y me besa, como un niño juguetón;
me acaricia los cabellos y me mece muy lento.
Y en su negro amor, silba su lúgubre canción.
 
EL amor de plano no es de busqueda: mira al pobre Ades que se enamoró de la luz primaveral de Perséfone, mira a Perséfone que no tiene mayor opción que amarle... así es; muchas gracias Hector por el comentario
:::blush:::
 
Hodierna Perséfone

Tiemblan mis manos al oír su voz pesada,
mi cuerpo padece de hipotermia al verle;
mis labios se separan, escucho su llamada,
mi piel se abre; parece a él pertenecerle.

Mis cabellos húmedos se pegan a mi espalda,
cierro sobre mis piernas los puños por alerta;
mis dientes castañean, el terror me escalda;
el corazón late sin ritmo, me mantiene despierta.

El halo de vapor que sale de mi boca roja
es tan efímero como en este momento mi razón;
le veo venir, le siento; me recorre la congoja.
Tengo miedo. ¡Que ya acabe su tétrica canción!

Su sombra se cuela por la puerta oscura y siniestra,
el ruido de sus botas negras invade el pasillo;
¿tomo mi daga y le doy de mi valentía muestra?
mejor me levantó ligera y hecho el pestillo.

Me escondo bajo las sábanas y finjo dormida estar,
bajo la almohada mi daga espera silente y punzante.
Toca la puerta, quiere abrir y le oigo gruñir y protestar;
de una violenta patada tira la puerta y me mira sonriente.

“Despierta pequeña niña, que escribiste mi nombre,
despierta poeta silente de oscuridad y de amargura;
soy yo, oscuro mi figura, mi nombre; el hombre.
Soy la misma sombra que adora tu alma tan pura”.

Él apaga la luz pálida que ilumina la habitación,
me toma en sus brazos de acero, es frio su calor;
me levanta envuelta en sabanas y silba su canción.
Abre la ventana y sin soltarme salta sin temor.

Despierto en la cañada, rodeada de verde sin luz.
Este campo Elíseo, el rincón de su negro corazón;
su palacio, el mismo infierno y mira mis ojos ahí.
“Amada mía quédate con migo, del infierno ilusión”.

Aunque mis lágrimas lo nieguen yo también le amo,
es mi lado oscuro, nieve de invierno de fuego;
oscuridad de mi luz, y yo la luz de su oscuridad;
somos necesarios, pues la vida es dualidad.

Me acerco hasta sus brazos de esqueleto;
me toma y me besa, como un niño juguetón;
me acaricia los cabellos y me mese muy lento.
Y en su negro amor, silba su lúgubre canción.


Contundentes y obscuros versos, me permito hacer algunas correcciones.
Un gusto leerte, poeta, abrazos,:::gafas1:::
 

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