Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Hogar de infancia, aunque te cambies de casa, nunca lo podrás olvidar; porque allí quedaron guardados tus dientes de leche, tu inocencia, tus primeros sueños y aventuras, tus juegos de calle, tus primeros bailes y canciones, los castigos y reconciliaciones con mamá y papá, los lazos entre hermanos que ya han partido, junto con abuelos, tíos y primos, tus primeras letras, tus primeros éxitos y fracasos, tus primeros amores de escuela.
Allí quedaron las brechas, donde se construyó con arena, tu castillo con hadas madrinas, con brujas encantadas, fantasmas y piratas; por ello, cuando pierdas la calma, cuando sientas miedo, retorna a tu casa de infancia, ya no será igual, pero en ella recordarás, cuánto has crecido, las vueltas que has tenido que dar en tu largo camino; y con tu corazón palpitante, en medio de tu fragilidad, recordarás, que aún sigues vivo para darle un viraje a tu destino.
Hogar, Dulce Hogar
Llegar después de un largo viajar,
perdido en otros destinos,
dejar que tu cuerpo
repose bajo la ducha,
sintiendo que has recuperado
tu lecho y tu vuelo.
Sentarte plácidamente en
tu circonia losa a
ciscar y avenar
hasta sentir
la suave sensación
del descanso,
mientras que tu cuerpo
se va normalizando.
Comer lo manjares de casa,
recorrer
cada espacio de tu morada,
disfrutar de tus jardines y mascotas,
sentir los dulces aromas de hogar,
dejarte amar y mimar
de los que tanto anhelaste
besar y acariciar al regresa.
Andar por tu vecindario,
sintiendo el calor de tu familia,
vecinos y hogar,
decirles cuanta falta te hicieron,
contarles
de las penurias y sufrimientos
que pasaste lejos de casa.
Y en la noche,
antes de cubrirte
con tus mantas y dormir
hasta el cansancio,
repetirte mientras acaricias
las manos amadas:
¡Hogar Dulce Hogar!
¿por qué esperé tanto
para regresar a mi Hogar?
Llegar después de un largo viajar,
perdido en otros destinos,
dejar que tu cuerpo
repose bajo la ducha,
sintiendo que has recuperado
tu lecho y tu vuelo.
Sentarte plácidamente en
tu circonia losa a
ciscar y avenar
hasta sentir
la suave sensación
del descanso,
mientras que tu cuerpo
se va normalizando.
Comer lo manjares de casa,
recorrer
cada espacio de tu morada,
disfrutar de tus jardines y mascotas,
sentir los dulces aromas de hogar,
dejarte amar y mimar
de los que tanto anhelaste
besar y acariciar al regresa.
Andar por tu vecindario,
sintiendo el calor de tu familia,
vecinos y hogar,
decirles cuanta falta te hicieron,
contarles
de las penurias y sufrimientos
que pasaste lejos de casa.
Y en la noche,
antes de cubrirte
con tus mantas y dormir
hasta el cansancio,
repetirte mientras acaricias
las manos amadas:
¡Hogar Dulce Hogar!
¿por qué esperé tanto
para regresar a mi Hogar?