BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y sí tu padre recogiendo la basura
que otros organizaban en paquetes
y regresando de los papeles sucios
hasta orinarse sobre las manos con hollín,
y en los labios, hollín, y en la espalda, hollín,
y en los ojos hollín. Y sí, tu padre
encomiando la tarea de otros también, hasta defenderse
en lugares putrefactos, llenos de orina, que inflamaba
las tardes y las hacía intolerables. Y sí, tu padre
asqueado de los sacos de manzanas podridas
que deambulaban comprobándolo todo, y constatando
que ni una sola se había echado a perder o se había perdido
definitivamente. Y sí tu padre recorriendo los caminos
en busca de un alimento que siempre llegaba tarde o demasiado
pronto. Y sí tu padre andando ligero por el mundo
como por un hospital extraño después de la invisibilidad,
y con las manos amputadas por el vértigo y el frío matinales,
conjurándose en las hogueras de mendicantes y predicantes
del absoluto anonimato. Y bien, tu padre
como único estamento de toda tu extensa patria,
sus camisas descubiertas, su pecho efímero, donde
se cebó la desgracia y el cuervo hizo nido.
©
que otros organizaban en paquetes
y regresando de los papeles sucios
hasta orinarse sobre las manos con hollín,
y en los labios, hollín, y en la espalda, hollín,
y en los ojos hollín. Y sí, tu padre
encomiando la tarea de otros también, hasta defenderse
en lugares putrefactos, llenos de orina, que inflamaba
las tardes y las hacía intolerables. Y sí, tu padre
asqueado de los sacos de manzanas podridas
que deambulaban comprobándolo todo, y constatando
que ni una sola se había echado a perder o se había perdido
definitivamente. Y sí tu padre recorriendo los caminos
en busca de un alimento que siempre llegaba tarde o demasiado
pronto. Y sí tu padre andando ligero por el mundo
como por un hospital extraño después de la invisibilidad,
y con las manos amputadas por el vértigo y el frío matinales,
conjurándose en las hogueras de mendicantes y predicantes
del absoluto anonimato. Y bien, tu padre
como único estamento de toda tu extensa patria,
sus camisas descubiertas, su pecho efímero, donde
se cebó la desgracia y el cuervo hizo nido.
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