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Hombre Dios

Adolfo M. Vaccaro

Poeta recién llegado
Pensaba en abstracto
y pintaba palabras.
Se imbuía de lógica
y caminaba quimeras.
Elaboraba realidades
y vivía entre sueños.
Sus pies pisaban la tierra
y en nubes se hacía sendero.
Observaba en lagos su imagen
y la brisa desvanecía moléculas.
Una razón sujetaba la coherencia
y el ideal disponía de su existencia.
La lucha obtenía caudales materiales,
y la conducta evaporaba su escasa valía.
Buscaba entre páramos toda la experiencia
y solamente hallaba sentido en sus intuiciones.
Quiso alimentarse de nutrientes perecederas
y se satisfacía con el plasma del universo.

Mendigaba afectos
y conseguía soledades.
Leía libros
y perdía los sentidos.
Memorizaba lugares
y culminaba en olvido.
Se orientaba por medio de la esperanza
y desaparecía la comprensión de lo absoluto.

Se sintió Dios
y comenzó a ser hombre.

Cuando principió a sentirse humano,
se volvió tan grande la abstracción
que, por primera vez, dejó de pintar palabras,
desligando en su locura la inútil trascendencia.
 
Interesante poema amigo
un gusto leerte

te invito aleerme tbn

hadita

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Este poema esta lleno de indescifrables misterios que hacen a la existencia humana, tan elevada y a veces en el umbral de la locura, en el abismo de lo irracional.Muy acabado y para tenerlo en la mesa de luz.Encantada de conocerlo, seguire internandome en vuestra letra.
 
Adolfo M. Vaccaro dijo:
Pensaba en abstracto
y pintaba palabras.
Se imbuía de lógica
y caminaba quimeras.
Elaboraba realidades
y vivía entre sueños.
Sus pies pisaban la tierra
y en nubes se hacía sendero.
Observaba en lagos su imagen
y la brisa desvanecía moléculas.
Una razón sujetaba la coherencia
y el ideal disponía de su existencia.
La lucha obtenía caudales materiales,
y la conducta evaporaba su escasa valía.
Buscaba entre páramos toda la experiencia
y solamente hallaba sentido en sus intuiciones.
Quiso alimentarse de nutrientes perecederas
y se satisfacía con el plasma del universo.

Mendigaba afectos
y conseguía soledades.
Leía libros
y perdía los sentidos.
Memorizaba lugares
y culminaba en olvido.
Se orientaba por medio de la esperanza
y desaparecía la comprensión de lo absoluto.

Se sintió Dios
y comenzó a ser hombre.

Cuando principió a sentirse humano,
se volvió tan grande la abstracción
que, por primera vez, dejó de pintar palabras,
desligando en su locura la inútil trascendencia.

Texto, poema, profundamente filosófico, Adolfo y por ello, interesante-apasionante. El final, esencial.

Un abrazo

Luis
 
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