Hombre y Árbol.

Maktú

Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo la sombra divina,
frondosa del árbol bueno
yace despierto y sereno
el Hombre entre la neblina.
Tras un tiempo de sordina,
y de torpe displicencia
hoy se nutre de la Esencia
redentora de la Encina.

Árbol le da su alimento,
remanso, dicha y coraje
y aunque el mundo le amortaje
suelta sus vendas al viento.
Hombre y árbol en aumento,
en perfecta sintonía,
se renuevan cada día
dando forma al firmamento.

En su costado rebrota
-de su costilla primera-
la más dulce primavera
que ni acaba ni se agota.
Bajo el árbol no hay derrota
y lo oscuro resplandece,
la querencia crece y crece
y la Nada muere rota.

Bajo la sombra gigante
del árbol que silba y canta
se ennoblece la garganta
con su savia fecundante
y en el devenir constante
de esta vida pasajera
Hombre encuentra la manera
de ser árbol abundante.

Bajo la sombra divina
la luz es más fulgurante.
 
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